Eutanasia a un Aparejador

Eutanasia de un aparejador

Ayer me enteré de la nueva marca institucional Aparejadores Madrid, denominación que adopta el colectivo capitalino frente a la nueva era profesional que se avecina. Pensando en voz alta, entre documentos y comunicados de prensa, alcé la voz a través de la escritura para hacer llegar unas reflexiones a éste colectivo.
La lengua es un elemento vivo, emergente y cambiante con el tiempo. Los registros (denominación de las palabras) del pasado ya no se corresponden a los nuevos registros del presente y menos del futuro. Hoy no hablamos con las palabras del siglo XVII, cuando se escribió El Quijote, momento culmen del nacimiento de nuestra lengua; ni tenemos un libro de registros (diccionarios) del pasado, hoy contamos con la Vigésimo Segunda Edición del DRAE (Diccionario de la Real Academia Española), es decir, las palabras han ido cambiando, se han ido adaptando a los momentos actuales y recogen una realidad lingüística adaptada a nuestros tiempos y nuestra sociedad.
Volver al pasado con la palabra Aparejador, es estar en contra de la propia evolución tanto lingüística como profesional. Ésta en sus primeros cambios pasó de denominarse así (como antiguamente se llamaba) a denominarse Arquitecto Técnico, y hoy se está adaptando a Ingeniero en Edificación (lo que se conoce en Europa y América como Ingeniero Civil).
La realidad técnica y social que vivimos hoy no se corresponde con épocas pretéritas, nos hemos ido adaptando en todos los campos del conocimiento. Y por tanto, creo, éste colectivo debe seguir su propia evolución y practicar sin lugar a dudas una eutanasia pactada desde ya a la antigua profesión.
Dicen los estudiosos lingüísticos que pensamos con el lenguaje, y yo me pregunto: si se vuelven a retomar registros del pasado, no se estarán retomando postulados obsoletos, no se estará incurriendo en un detrimento del lenguaje y por tanto de sus pensadores. Quizás, creo entender.
En las obras de edificación, en elementos estructurales, ya no se utilizan hormigones H-175 como preveía la antigua ordenanza EH-91, hoy se construye con hormigones H-25 o superiores de acuerdo con la EHE-08. Las ordenanzas en edificación han ido moldeando los nuevos quehaceres en la construcción, así como a sus actores.
Hoy la edificación se rige por nuevos instrumentos, nuevas normativas aglutinadas en el CTE Código Técnico de la Edificación. Y los agentes que intervienen en ella son sus actores, que nos guste o no, se tendrán que adaptar a un marco único europeo; Ingeniero en Edificación.
Grupos reducidos de todo el territorio nacional se están adaptando a ésta nueva titulación, son los nuevos actores en la edificación (entendiendo como actores a los agentes intervinientes en la misma). Tras un largo recorrido, y bajo un esfuerzo económico, profesional y familiar han ido simultaneado sus tareas diarias con las de amplitud de conocimientos, con un único fin: obtener esta novedosa y nueva titulación.
En breve, éste pequeño grupo estará de nuevo en el argot constructivo, y reclamará sus nuevas competencias, porque ya no son las pretéritas de Aparejador. Solicitará la eutanasia del aparejador, será el momento de desconectar las máquinas del pasado, e ir en la senda de la adaptabilidad y del reciclaje. Vendrá el tiempo en el que el adulto Arquitecto Técnico, se adapte a éstas nuevas exigencias técnicas.
Si bien, puede llegar a suceder, que el Ingeniero en Edificación, adolescente, pero maduro, decida emanciparse, de no llegar a un consenso con el resto del colectivo. Porque sus antiguos abuelos los Aparejadores, así se lo enseñaron, y maduros porque hasta entonces han cumplido con las obligaciones de Arquitectos Técnicos (titulación que ostentaban).
Estos son lo tiempos que corren, no podemos dar la espalda a una realidad, ni omitir el esfuerzo del colectivo, menos aún, intentar consolidar una jerarquía casi perpetua, como si de un maná caído del cielo se tratase, tanto en las universidades como en los órganos colegiales dirigentes.
Nuevo colectivo. Nuevas competencias. Nuevas exigencias, pese a quien no le guste. Arrinconarse detrás de la palabra Aparejador, es un signo de cobardía, de no intentar esforzarse en reciclar conocimientos, o de temer ser sustituidos por éste colectivo que viene andando despacio pero fuerte.
Ya hemos desconectado las máquinas, el electroencefalograma casi se dibuja plano, se había pedido la eutanasia del Aparejador, el médico observa y detrás suyo su hijo el Arquitecto Técnico, que busca entre los presentes la medicina de la vida; la homologación, contesta el médico. Sin duda un tratamiento y terapia de mucho esfuerzo, como el que ha hecho el pequeño colectivo que tocó en la puerta de la habitación simplemente para echar

Novela: Desayuno, almuerzo y Zena

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Homenaje a Inés García

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