PRIMERA PROMOCIÓN BOLONIA EN TENERIFE

La semana pasada la Universidad Europea de Madrid expidió el acta definitiva con los nuevos titulados, “I Promoción, Ingeniería de Edificación”, donde se encontraban cinco tinerfeños: Pedro Juan Darias Hernández, Israel González Martín, Orlando Gutiérrez Rodríguez, Katiuska Rocha Brito, y Arturo Rodríguez Costal, cada uno de ellos anteriormente Arquitecto Técnico. Actualmente cursan en Madrid éstos estudios más de una veintena de tinerfeños.
Esta nueva andadura profesional adaptada al sistema europeo llamado “Bolonia” ha comenzado a generar una gran controversia dentro del colectivo y la profesión, sobre todo en la Escuela de Arquitectura Técnica de La Universidad de La Laguna con su nuevo título de: Grado de Ingeniería adaptado y que comenzará presumiblemente en el próximo curso académico.
Previo a la obtención del título y con motivo de la Asamblea General del Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Santa Cruz de Tenerife fueron presentados públicamente estos ingenieros lo que una vez más, suscitó el recelo profesional del colectivo.
Ante esta nueva etapa en la que continúan con el ejercicio, comienzan los reciclajes del resto del colectivo, generando disputas y pulsos de poder sobre todo en la Escuela de La Laguna, desde donde se ha animado conjuntamente con el Colegio Profesional a la adaptación del nuevo título de grado universitario.
Con la posibilidad de que el Colegio Profesional acredite la experiencia profesional para la fácil obtención de este nuevo título universitario originando colas virtuales en su sitio web, incentivados por la motivación pública que hace su secretario en las asambleas colegiales.
Claro que el Colegio no es una institución académica para expedir título alguno, menos decidir quien o quienes deben cursar una asignatura u otra para la obtención del nuevo título de grado.
Qué profesionales van a expedir éste nuevo título en la Universidad de La Laguna, pues si carece al día de hoy de Ingenieros de Edificación.
Se abre la puerta hacia nuevas competencias profesionales que se imparten en los programas académicos de ingeniería y que hasta ahora la Universidad de La Laguna no tiene expertos en éstas materias, dígase de Calidad, Producción, Mecánica del Suelo, Proyectos II y Acondicionamiento.
Desde dentro de los departamentos de la Escuela Universitaria y según manifiestan las fuentes hay una lucha de poder por asumir competencias sobre materias que desconocen sus contenidos más aún nuevas disciplinas en las que el antiguo aparejador ha quedado obsoleto. Ya desde hace meses, en el blog periodístico de Sic Códices Tenerife, se hablaba de “Eutanasia de un Aparejador”
Como la adaptación corre mucha prisa, porque está a las puertas la apertura del nuevo curso académico, se habla incluso, de copiar los programas adaptados de otras universidades, poniendo de manifiesto el rigor académico con el que se encuentra dicha escuela.
“Yo quiero mi porción de pastel”, manifiesta un profesor ante la petición de las nuevas asignaturas, incluso amenazando con expedir aprobados generales, de no ser complacido. Parece como si el nuevo título ya tuviese nombres y apellidos y que lo impartan profesores que carecen del rigor universitario que establece Bolonia (doctor y experiencia profesional).
Si hablamos de doctores pocos serán los que permanezcan en esta escuela universitaria, porque hasta entonces los diplomados universitarios no podían doctorar, aún cuando jamás se ha fomentado dentro de ella la investigación, menos el reciclaje y adaptación hacia un nuevo espacio europeo.
Otros apenas piensan en adaptarse a esta nueva titulación pues declaran “insatisfechos” a los nuevos titulados.
No creo que se trate de insatisfechos, sino de un pequeño colectivo insular, que con una serie de inquietudes y motivaciones profesionales han tenido que sacrificar sus trabajos, sus familias y sus economías domésticas para dirigirse a una universidad privada, “Universidad Europea de Madrid”, para ver satisfechos sus objetivos en cuanto a la profesión se refiere.
El rigor académico se obtiene con la formación continua no con el estancamiento al que estaba acostumbrado el colectivo. Para ser un experto universitario se necesita mucho esfuerzo académico, mucha constancia, como son: los máster universitarios, los diplomas de estudios avanzados, la tesinas, y finalmente las tesis para obtener el título de doctor, procedimiento que parece desconocer la escuela universitaria, o su director, justificada puesto que nunca se han llevado a cabo investigaciones en sus instalaciones.
El colectivo profesional se ve desamparado ante un Colegio, que si bien ha asumido en sus nuevos estatutos, la palabra “Ingeniero de Edificación”, desconoce el contenido de esta titulación. Aventurándose a decir públicamente que expedirán créditos para cursar menos asignaturas en la Universidad de La Laguna. Ante esta disyuntiva, que los Colegios Profesionales no estén en disposición legal de emitir ningún tipo de crédito académico, los nuevos ingenieros han comenzado con su inscripción en una plataforma europea de “Ingenieros de Edificación” donde han ido ingresando todas las nuevas promociones nacionales que se van incorporando. Consultado a los nuevos ingenieros de Tenerife éstos se ven desamparados ante un colegio arcaico y conexionado con una escuela obsoleta, que si expidieran créditos universitarios ellos los solicitaría para postgrados y sería como ir a la recova donde se compra y se vende al mejor postor.
La nueva senda del conocimiento es tan amplia, que su desconocimiento e ignorancia mermarán al colectivo que queda por adaptarse.
Los conocimientos no tienen dueños, menos los puestos electos, menos aún en una sociedad dinamizada, democrática y con un derecho a la Libertad de Expresión adquirido a través del artículo 20 de la Constitución Española y Cultura Ciencia e Investigación artículo 44, para los neófitos en legislación.
Quiénes van a supervisar los nuevos trabajos en el Colegio Profesional si al día de hoy carecen de ingenieros. Será una nueva organización nacional, o quizás un nuevo colegio profesional. El desmembramiento parece estar más latente que nunca en un colectivo enraizado y oliendo a naftalina. La Rebelión de las Masas, como decía Ortega y Gasset en su tratado de 1937 está servida.