LA MENTE ES ALGO MARAVILLOSO, UNA PESADILLA

En casa de mis padres habían puesto una bomba, unos vecinos, eran Pepe el de la tele (arreglaba televisores cuando era pequeño) y Dionisio (un teniente de alcalde en una época en que tuvimos cien). Pero como tenemos una vecina entendida en artefactos peligrosos, no dudó con su hija la pequeña en despertarse y en pijama desactivar la bomba. Puesto que iban a por mis hermanas y yo, mi padre decidió mandarnos a un crucero lejos a los tres hermanos. Y mientras que disfrutábamos de él, no se nos ocurrió otra cosa que pegarle tundas a una chicas que iban en el barco, eran unas niñas del colegio que no recordaba desde entonces, que en aquella época tenían piojos.
Pues en un alto del crucero, sus padres accedieron al barco por el metro (siempre me gustó Julio Verne) y será que hoy tengo que cogerlo en Madrid, y nos esperaron para hablar con nosotros por lo de las palizas.
Las señora que se expresaba muy mal dijo que en nuestro “celebro” había mucha maldad, y yo le contesté: “usted lo que vino a celebrar al barco fue sus vacaciones”.
Pero en el metro nos protegía un guardián que era el que cuida los coches en el parking del trabajo el nos llevó a una asamblea que convocaba el capitán por el motivo de las palizas.
Las palizas eran tan brutales que una de las pequeñas se había quedado tartamuda y sólo repetía “sendas seis, sendas seis”; eso era porque hacía horas había corregido a un compañero por haber pronunciado esas palabras mal expresadas lingüísticamente.
Pronto en la asamblea se resolvió todo, mientras la moderaba Ninona, que fue mi profesora de lengua en COU, de ahí lo de “sendas seis”, y el capitán retomó el rumbo hacia un puerto, creo que era Argentina, será porque una gran amiga parte esta misma semana para allá y me lo había contado.
Pues nada más llegar, mi padre había enviado a un caza del ejército a buscarnos; siempre me gustó el ejército y de pequeño quería ser militar, qué sería hoy del ejército si yo estuviera; y me río. Y yo me pregunto, dónde estabas tu en toda esta pesadilla. Sonó el despertador.

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