LA LLAMADA DE MARRUECOS

LA LLAMADA DE MARRUECOS

No es de extrañar que cualquier país pueda llamar la atención de pintores, escritores, poetas.
En este caso Marruecos ofrece una belleza peculiar, que nace del contraste entre la aridez rocosa de las montañas y la repetición armoniosa de la síntesis del sol y del agua, a la vez radiante y misteriosa.
Su tierra, su pueblo, su historia en la misma mano, Marruecos ocupa un lugar predestinado en la geografía física y humana, hoy es el occidente del Islam, nos propone una mirada de extrema densidad.
Esa mirada convoca a lo largo de la historia a diversos escritores, atraídos en diferentes épocas y con distintos gustos, ya se trate de ciudades cosmopolitas, desiertos, medinas, fortalezas de barro.
De los más de 100 artistas europeos atraídos por este país, es importante destacar la labor de Paul Bowels y Jean Genet, sus obras referentes a Marruecos son significativas, no en vano es posible que dieran a conocer al mundo “El pan desnudo” de Mohamed Chuckri, donde el autor marroquí narra con atrevimiento para su época una autobiografía que perdura actualmente en la infancia marroquí.
Un país donde ninguna esquizofrenia habita en su interior, simplemente un sentido de utilidad y conveniencia, sin sentido del tiempo, la hospitalidad es a la vez una tradición, un deber sagrado y una forma de vida. Fatima Mernisi, Premio Cervantes es así mismo una de las voces femeninas más transgresoras.
Otros artistas europeos como Le Clézio, Montherlant, Delacroix, perciben en esta llamada, una fuerza particular, atraídos por una serie de sortilegios, encantos y seducción.
Delacroix descubre la deslumbrante luz y color de sus paisajes, sensualidad y misterio son sensaciones que se reflejan en su obra a su paso por Marruecos. En sus “Diarios del artista” y algunas cartas a sus amigos queda reflejada la crónica del artista a su paso por diferentes ciudades, Tánger, Fez.
“Imagina amigo, lo que supone contemplar las puestas de sol, ver a personas arreglando sus sandalias, a los que ni siquiera falta el aire que deben tener los amos del mundo”.
El pueblo marroquí es diverso y auténtico, y él se gusta de si mismo. “La distancia que separa el desconocimiento de la intolerancia es muy corta, pero el abismo que se abre resulta muy difícil de salvar” diría Jordi Esteva, periodista contemporáneo a la llamada de Marruecos, sin olvidar al gran Juan Goytisolo que suele tomarse un té todas las tardes en el Café France de Marrakech, observando el paisaje urbano de la plaza oral de la humanidad.

Jorge Calamita
Periodista

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