Cesárea, no estás sola…

Cuándo Cesárea Évora cantaba en los locales, bares y tugurios portuarios de Mindelo, no se imaginaba que su música tomara una dimensión internacional sin precedentes. La diva de los pies desnudos cantaba Mornas, Coladeras, Funánás ritmos caboverdianos fusionados con raíces mozambiqueñas, sambas brasileñas y tradiciones lusas.
Su voz, su alma, su sencillez la hacen ser auténtica, única. Transmitiendo pasiones llenas de emociones lejanas, salvaje como sólo ella sabe serlo, descalza en su escenario, como la tierra que la ha visto nacer; desnuda.
Piedra sobre piedra, viento, tierra al fin. Ella es cadencia, síntesis de alegría, tristeza, lejanía, abandono, soledad, emociones, compromiso, ella es Cabo Verde.
Su música revelada al mundo, es acompañada por numerosos talentos caboverdianos; Tito París es la voz ronca, la piedra petrificada, el blues oceánico, Teófilo Chantre es el amo y señor de una permanente “sodade”, con sus mágicos toques de jazz y bossa nova. Jorge Neto, Bau, Fantcha, Lora, por citar algunos son los componentes de buena música, que se pueden disfrutar cada año en el Festival “Baia das Gatas” en Mindelo.
El archipiélago alterado por las inversiones internacionales, la codicia y la corrupción, debe seguir transmitiendo a través de su cultura, y su música la visión acogedora y apasionada de sus habitantes , en un mundo donde nada será igual, dónde la sencillez y humildad por necesidad vuelven a estar en alza, en “un mundo lleno de maldad, una paz inconstante, un silencio de soledad, en busca de un futuro entre sombras de un destino”, canta Cesárea.

B.R.I.C

El siglo de las siglas del que hablara el poeta Pedro Salinas, sigue vigente. Pensando bien, que curiosa conjunción de países llamados así por los mercados y los medios, (Brasil, Rusia, India y China) son estos grandes promesas, son estos llamados países emergentes. En común tienen de hecho el ser grandes economías y con un gran potencial de crecimiento a nivel mundial, de seguir siendo países con fuertes contrastes y desigualdades internas, de tener una imagen internacional vinculada al misterio y los tópicos. Muchas diferencias e idiosincrasias marcan estas naciones, por lo menos las raíces culturales y el inconsciente colectivo los posicionan lejos de los supuestos compañeros mejor situados a escala planetaria.
Por más que sepamos de los avances de la industria química, de la tecnología de la información de los brillantes científicos, de sus películas que llegan a festivales internacionales, todavía recibimos muy poca información de estos países.
El libro de Patricia Campos, “India” nos acerca más, una mirada atenta a los misterios fascinantes de ese país, nosotros acostumbrados a otra realidad que queremos imponer allí donde vamos. El lenguaje fluido y la variedad de temas abordados nos permiten entender el proceso evolutivo de la India así como entender su herencia colonial, sus casamientos, su diversidad religiosa, indumentaria, arquitectura de los baños, hasta la forma de pedir la cuenta en un restaurante, no faltan motivos para seguir su lectura..
Brasil es quizás el más cercano por muchos motivos, ahora le toca a Dilma continuar los avances de Lula, el proyecto interesante de “hambre cero” ideado por Fray Betto, cuya madre hacía riquísimos dulces al mismísimo Fidel en sus visitas a la isla.
Dilma es la primera mujer que alcanza la presidencia en la historia de Brasil, debe continuar todos los proyectos de su antecesor, el presidente más popular en la historia de Brasil. Dilma es minera, su ciudad Belo Horizonte, BH está considerada e indicada por el “Population Crisis Commitee” de las Naciones Unidas como la ciudad con mejor calidad de vida de América Latina y la 45 entre las 100 mejores del mundo.
En el imaginario colectivo, la imagen del brasileño es cordial, remite a figuras idealizadas, nada más distante de la realidad histórica, la obra del pensador Sergio Buarque de Holanda “Raíces de Brasil” que este año cumple 70 años de su publicación, nos permitiría debatir y ayudar a comprender la violencia contemporánea en Brasil.
Lo mejor a veces es dejarlo todo y quedarse escuchando el maravilloso “Talismán” de Paulinho da Viola, quizás entenderíamos mejor este siglo de siglas.

Jorge Calamita, Periodista.