Barajas. Y sus mentiras

Desde el centro de la noticia, Madrid Barajas, me encuentro atrapado. Sin respuesta en un “estado de alarma” que sólo lo había conocido en los tratados legislativos cuando estudiaba periodismo. Jamás pensé en una situación semejante. Gente votada por los suelos, colas interminables, mentiras mediáticas desde la televisión, pero no hay un periodista que haga un análisis objetivo de esta situación, me pregunto. Dónde están los vuelos, dónde opera Iberia o cualquier otra compañía para ir y coger ese vuelo. Pero hasta cuándo. Mientras nuestro presidente del gobierno mete su cabeza entre las piernas y son otros bustos parlantes, bueno más bien mudos, los que presenta ese careto de falsos, a generar más falsas expectativas y revertir el malestar generado por ellos mismos a golpe de decretazo a la oposición. Señores gobernantes ha llegado la hora de recoger y hacer las maletas, dejen pasar a otros, con esto no pueden, se les ha ido de las manos. Donde jamás ha habido gestión, ahorro, organización y desarrollo no lo van a lograr en una larga agonía que nos está dejando sin aliento. Por favor, es un llamamiento a los movimientos de izquierda, no recuerdo el ejército en la calle desde el 23F, y ahora nadie dice nada, o hay que estar pendiente del fútbol, ah claro, me había olvidado el opio del pueblo. Y mañana qué. Volveremos a Barajas desde las seis de la mañana, desde donde no pienso callar, y comunicar todo aquello que observe, vea y palpe del modo más objetivo, como el que aprendí en la facultad de Ciencia de la Información. Y la deontología profesional de los compañeros, creo se les quedó en los manuales una vez aprobada la asignatura. No hay que bajar la guardia, al igual los que resistamos podremos levantar esto, pero los que hay ahora seguro que no. Señor de la oposición provoque una disolución de Las Cortes Generales, ya se perciben los estertores del final.
Y quién va a pagar todo esto, quienes serán subsidiarios con nuestros gastos, los hoteles, las comidas, los desplazamientos, etc, etc. Y si careces de efectivo en una circunstancia como esta, qué haces, esperas a que un militar o la policía te invite a abandonar el aeropuerto. No, no. En este país no me he criado yo, ya no lo conozco, que imagen hacia el exterior más deplorable. Y después de esto que nos queda por vivir, más espectáculo televisivo, más narices crecientes, nunca pensé que Pinocho existía.
Y qué le cuento a Sara cuando llegue, y Gaspar, me preguntará que donde he estado, ellos no entienden de lo sucedido, no les puedo engañar, lo percibirán, y lo englobaré en la bolsa donde encierro su mierda.