Tranvías en la Habana

VIII JORNADAS TÉCNICAS DE ARQUITECTURA VERNÁCULA
Ponencia:
Tranvías en la Habana
Por: Garcia Driggs & Zenaida Iglesias

La capital de Cuba fue una de las primeras del mundo en tener tranvías y ferrocarriles urbanos, los primeros comenzaron su vida útil en Septiembre de 1857 y en el mes de noviembre del mismo año empezaron a construirse.
La primera línea tirada por caballos, se extendió desde la antigua Estación Central de Ferrocarriles hasta los Muelle y se inauguró en febrero de 1858.
Estos primeros carros fueron de mercancías y productos de los campos cercanos, uniéndose los destinados a pasaje a finales de 1859.
La Habana, fue la segunda ciudad de Latinoamérica en tener tranvías, viéndose precedida por la ciudad de México en enero de 1858.
La Sociedad “Ferrocarriles de Cuba Unidos de La Habana” inauguró su primera línea de pasajeros del “Carmelo” en Septiembre de 1859 y poco después los construyó para la línea Cerro-Jesús del Monte.
Emergió como una compañía constructora de coches en 1863, con el nombre de “Empresa del Ferrocarril Urbano y Ómnibus de la Habana”.

Tranvía tirado por caballos por el Paseo del Prado. Imagen 1

En la mañana del domingo 1 de junio de 1862 el Capitán General Don Francisco Domínguez, Duque de la Torre, inauguró solemnemente el servicio público “Ferrocarril Urbano de La Habana”, el cual unió para siempre a los “caseríos” aledaños del Cerro, Jesús del Monte y Carmelo, este último en el barrio del Vedado.
En esta primera etapa fueron movidos por fuerza animal, viéndose tirados por tres caballos: dos en barra y uno como guía. Esos primeros “artefactos móviles o carritos”, eran conducidos por un cochero. Las bestias, que eran conocidas por sus nombres por el público, anunciaban su llegada a larga distancia por los múltiples cascabeles que llevaban en la collera.
Esta variante desapareció a inicios del siglo XX con el advenimiento de la República.

Tranvía Eléctrico. Imagen 2

El primer “coche tranvía” eléctrico de la capital, construido en los Estados Unidos, circuló el 22 de marzo de 1901 hasta el elitista barrio del Vedado. De forma gradual, se fueron construyendo líneas a través de toda la urbe, hasta llegar a sobrepasar el término municipal de la Ciudad de La Habana.
Surgió entonces el magnífico transporte de tranvías eléctricos pertenecientes a “The Havana Electric Railway Company”, corporación norteamericana que en 1913 devino “The Havana Electric Railway Light and Power Company”.
El ramal del Vedado, posterior al de La Habana, se movió a vapor y se formaron trenes de dos o tres carros, arrastrados por locomotoras.
Algo muy curioso para esa época fue que el último tranvía salía de las terminales a las 10:30 de la noche, el pueblo lo conocía por el “carrito de las campanillas o de los novios”, porque en este regresaban a La Habana, los jóvenes, cuyas novias residían en los barrios de Jesús del Monte y Carlos III.

Muchos tranvías fueron muy famosos, como el “Yumury”, usado solo por los directores de la Compañía y por el primer Presidente de la República, Don Tomas Estradapalma. En 1912, el “Electra” lo sustituyó con un costo aproximado de 12 000 pesos.
En los primeros tiempos del tranvía eléctrico, solo se mantuvieron cuatro líneas dobles, que partieron de las terminales del Vedado, Cerro, Jesús del Monte y Príncipe hasta San Juan de Dios y el Muelle de Luz, de hecho formaron ocho líneas, que con posterioridad se ampliaron hasta las calles San Lázaro, Galiano, 23 y J, Ángeles, Florida y Vives, entre otras.

Construcción de los ramales de los tranvías en la ciudad, calles Egido y Zulueta respectivamente. Imagen 3

El servicio de tranvías llegó a explotarse con 90 millas de líneas de vía principal en las calles de La Habana y municipios adyacentes de Marianao, con un total de 101 millas, que incluían los patios y desviaderos.
La vía era Standard -de 56 y media pulgadas- y toda la que iba por las calles públicas, en la faja de terreno propiedad de esta Compañía, estaba construida de rieles de canal, que soportaba un peso de 89 libras por yarda. Sobre todas las vías habían suspendidos 2 alambres o trolleys en paralelo, de cobre o bronce, sostenidos por tirantes, sujetos a postes de acero a los lados de las calles, eran de polaridades eléctricas opuestas y formaban un circuito, ambos lados estaban aislados de tierra y de las vías.
La electricidad se suministraba a los alambres a 550 voltios desde las subestaciones, por medio de cables alimentadores sostenidos directamente sobre los postes a los lados de las calles.

Los elevados. Avenida San Pedro. Imagen 4

Los Elevados fueron inaugurados en enero de 1904, extendiéndose 8 cuadras a lo largo de la calle San Pedro -desde Santa Clara hasta O’Reilly-Constituyeron una simple línea con paradas en estaciones elevadas, utilizados por las líneas de Aduana y Muelle de Luz.
Esto facilitó el paso de los tranvías sin interrumpir las maniobras del puerto, así como el cruce de vehículos por la zona, muy agitada por esta época.
Fueron desactivados una vez suprimidos los tranvías del servicio público, comenzando las obras de desmonte y pavimentación de la avenida San Pedro.
Pasado el tiempo se establecieron nuevas líneas y se multiplicaron los paraderos. Surgieron los de la Víbora, Lawton, Príncipe, Playa y Marianao. Igualmente se incrementó el servicio y la red hasta los lugares más alejados de la ciudad.
Las tarifas también aumentaron para los dos últimos, porque para cruzar el puente de hierro giratorio, y el Almendares en dirección a Playa y Marianao, se debía pagar un centavo más.
También se construyeron paradas o estacionamientos regulares en lugares importantes o convergentes, estos fueron de doble vía y sencilla.

La tarifa por pasajeros era de 5C dentro del Municipio de La Habana, con transferencias universales, a fin de que un pasajero fuera transportado entre 2 lugares pagando un solo pasaje.
Entre 1914 y 1923 se duplicó la cifra de pasajeros transportados en tranvías, llegando a sumar 114, 292. 880 personas en el último año citado.
La Revista “Carteles” publicó en marzo de 1950, un artículo de nuestro historiador Emilio Roig de L. donde comentó: “… el tranvía eléctrico fue acogido por el pueblo con cierta prevención y hostilidad, que bien pronto se convirtió en burla y choteo criollo, hasta su aceptación definitiva”. Sucede, que en los primeros tiempos, los choques y accidentes ocurrieron con frecuencia, lo que provocó que los carros eléctricos fueran bautizados por la población con el sobrenombre de “Funerarias eléctricas”. También se les llamó “La langosta”, haciendo alusión a sus dos antenas o troles.
Debido a la gran inversión que era necesaria para reparar los dañados tranvías, las líneas y los trolleys, la Compañía trató de introducir ómnibus “TROLLEY-BUSES” con el mismo sistema eléctrico, ahorrándose de esta manera el costoso proceso de restauración de los coches de madera y las vías, pero esto no prosperó.

Tranvía a color. Imagen 5.

El equipo de tranvías consistía de:
553 carros de pasajeros y 73 de carga
10 locomotoras eléctricas y 10 carros de servicios equipados con motores. Eran de color amarillo claro y algunos mostraban 2 franjas negras.
Los carros de pasajeros eran esencialmente del mismo tipo y tamaño. Median 34 pies de largo y 8 pies de ancho, con un peso de 17 000 a 20 000 libras cada uno, estaban montados sobre carretillas de 4 ruedas.
Todos habían sido construidos en los talleres de la Compañía y la reducción en el peso de los más nuevos se debió a un diseño y equipo mejorado.
Marchaban en una sola dirección y estaban equipados con asientos transversales de mimbre para 2 personas, con una capacidad de 38 pasajeros en total en cada tranvía.
En La Habana existieron 8 paraderos: Vedado, Príncipe, Cerro, Santos Suárez, Lawton, Jesús del Monte, Playa y Marianao.
Con 32 Líneas de Tranvías.
Estas quedaban distribuidas en 5 Divisiones: Vedado; Cerro; Jesús del Monte; San Francisco y Del Príncipe.
Además existió un curioso sistema de señales entre los motoristas y conductores, que se efectuaba utilizando la campana del tranvía:
1 campanillazo: Indicaba parar en el próximo punto de costumbre.
2 campanillazos: Era la señal de partida.
3 campanillazos: Para parar inmediatamente, solo en caso de alarma o peligro.
4 campanillazos: estando el carro parado: era la orden para hacerlo retroceder 4 campanillazos: con el carro en movimiento: indicaba que estaba completo.

El Conductor, El Motorista y El Despedidor. Imagen 6.

También se cumplía con un reglamento o código disciplinario que debía tener cada empleado durante el servicio, estos debían devolver a la Compañía todos los aditamentos y pertenencias utilizados una vez abandonado el puesto.
El reglamento debía conocerse y cumplirse a cabalidad, garantizando la permanencia del trabajador en su puesto, o ser ascendido si surgía la ocasión. Podían ser sometidos a examen cualquier día y a la hora que estimara la Compañía. En caso de infracción se amonestaba con multas, suspensión o separación.
El Reglamento para el Despedidor contemplaba: Velar por el orden y la disciplina; cuidar de su porte personal; del cumplimiento de los horarios; la devolución de los objetos encontrados y la correcta condición de los carros… etc.
El Reglamento para el Conductor estipulaba que: Durante el servicio asumía la jefatura del carro y tenía a su cargo y responsabilidad la conservación y buen funcionamiento de cada una de las partes del mismo, así como la atención al personal; además anunciaba el nombre de cada calle al entrar en ellas; y debía presentarse de completo uniforme, portando cada uno de los aditamentos necesarios para el desempeño de su función.
El reglamento para el Motorista hacía constar que: Era quien debía examinar en detalles el carro y su correcto funcionamiento antes de salir de recorrido; era el responsable ante las averías que podían surgir y de solucionarlas; velando atentamente por el cumplimiento de las medidas del tránsito establecidas entre muchas otras disposiciones. Durante el servicio, estaba a las órdenes del Conductor.

Los “Autobuses Modernos S.A.” Imagen 7

A mediados de la década del ’30 cobró auge el sistema de ómnibus motorizados para el servicio de pasajeros. La mayor velocidad y comodidad de las conocidas “guaguas” trajo aparejado el declive del uso del tranvía.
El 3 de junio de 1950, los “Autobuses Modernos S. A.”, los sustituyeron definitivamente en Cuba, haciendo desaparecer al histórico medio de transporte, hoy olvidado.
Estas guaguas fueron llamadas por el pueblo “Las Enfermeras”, por su color blanco, con una franja azul en el centro.
Podemos añadir que no solo en La Habana hubo tranvías, también prestaron servicios en otras provincias y poblados importantes de Cuba: Matanzas; Cienfuegos; Camagüey; Santiago de Cuba y otras ciudades.

El último tranvía que circuló en la ciudad. Imagen 8

El último viaje de tranvía en La Habana se realizó un martes 29 de abril de 1952 a las 12:08, cuando el tranvía No. 388 perteneciente a la Línea “Príncipe-Avenida del Puerto” regresó a su paradero después de 50 años de servicio.
El trayecto comenzó a las 11:22 de la noche y los primeros pasajeros en abordarlo fueron un reportero y un camarógrafo de la Revista “Bohemia”, acompañados por otros del Periódico “Alerta”.
En total viajaron 15 pasajeros y se recaudó 75 centavos.

Enterramiento de los tranvías. Imagen 9.

Fue entonces que los cómodos y útiles tranvías quedaron en el olvido de sus dueños e inversionistas, no así en la memoria de todo el pueblo de Cuba, porque en ellos, nuestros padres y abuelos transportaron sus penas y alegrías, mudadas y esperanzas…
Los vetustos “carritos” a lo largo de la historia, cargaron en su plataforma de todo cuanto se pudiese imaginar, hasta que se hizo habitual la frase que rezaba así: “…no tengo problemas mi hermano, lo monto en la parte de atrás del tranvía y andando”…

Homenaje a los trabajadores de esta compañía. Imagen 10.

Sirva este homenaje a todos los hombres que bridaron su servicio durante más de 30 años en esta compañía

Barrio de El Toscal. Santa Cruz de Tenerife. Valor Vernáculo

EL TOSCAL
El Toscal es uno de los barrios del centro histórico de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, Canarias. Su formación se remonta al siglo XVIII, aunque gran parte de los edificios que lo caracterizan surgieron en el tránsito del siglo XIX al XX, y es a lo largo de la primera mitad de este siglo cuando se produce su compactación definitiva.
La siguiente ponencia versa sobre la aproximación a la transformación morfológica y el cambio social que el barrio de El Toscal, habitado tradicionalmente por clases populares, experimenta, desde los años ochenta en adelante, como resultado de su localización en el centro histórico de la ciudad.
Los procesos a estudiar tienen lugar en una ciudad de tamaño medio, Santa Cruz de Tenerife que, con poco más de doscientos mil habitantes (censo de 1996), es el principal núcleo urbano de la isla de Tenerife. Gran parte de su patrimonio arquitectónico ha desaparecido como resultado de las políticas de renovación que arrancan de las propuestas del Plan General de Ordenación urbana de 1957. En él se propuso realizar una reforma interior del centro histórico implantando nuevas morfologías y edificaciones en altura que sustituían a las construcciones de los siglos XVIII y XIX; El Plan del Cuadrilátero continuó esta línea de actuación durante los años sesenta y remodeló las manzanas más próximas al puerto, y más tarde el Plan Volúmenes de 1975 aumentó la volumetría del casco antiguo. A comienzos de la década de los ochenta se inició el proceso de revisión del plan general y uno de los primeros documentos elaborados fue el Plan Especial de Reforma Interior del Centro correspondiendo el año 1981, que intentó corregir la excesiva edificabilidad y consiguiente densificación propiciadas por los planes precedentes.
El paisaje urbano de El Toscal puede definirse como contrastado, al estar constituido por un parque residencial de calidad y características desiguales como consecuencia de su antigüedad y localización.
El parque inmobiliario tradicional, heredado de las postrimetrías del siglo XIX y primeras décadas del XX, está formado por numerosas viviendas populares con alturas entre una y tres plantas, un cierto número de viviendas burguesas, así como por ciudadelas o viviendas obreras colectivas de una sola planta. A este patrimonio se añaden las edificaciones de la segunda mitad del siglo XX, que introducen un nuevo tipo arquitectónico: la construcción en altura de promoción pública o privada.
En un primer sector se encuentran las viviendas de construcción popular, con inmuebles de escasa volumetría, entre los que destacan las viviendas unifamiliares y las ciudadelas. El avanzado deterioro de muchas de estas edificaciones ha dado lugar a la aparición de enclaves ruinosos, que ocupan superficies notables en determinadas manzanas.
La conservación de las ciudadelas es muy desigual y aunque su número ha ido retrocediendo, El Toscal es a una escala de la ciudad el barrio que concentra, en particular en el sector que comentamos, a la mayor parte de ellas. Esta modalidad de hábitat en proceso de desaparición, pues algunos de sus antiguos residentes han sido desplazados hacia otras áreas urbanas periféricas y realojados en viviendas sociales. Sirven aún de alojamiento a personas de edad avanzada, que han vivido siempre en el mismo lugar y que muestran por ello un notable arraigo, y también a individuos más jóvenes en situación de marginación social.
Es también destacable la presencia de promociones públicas que sobre los años sesenta y principios de los setenta van salpicando todo el barrio.
En definitiva, el núcleo interno presenta rasgos comunes a los de otras áreas degradadas de los centros históricos, como las precarias condiciones de habitabilidad de algunos de sus inmuebles y la infrautilización de una parte de su parque residencial; a lo que se suman los problemas sociales ocasionados por situaciones de soledad de las personas mayores e inseguridad al constituir lugar de residencia de colectivos minoritarios con dificultades de adaptación que tienden a ser rechazados por una parte de los vecinos.
El otro sector que conforma el barrio, que denominamos la franja externa, se disponen bordeando al anterior y que está representado por manzanas situadas en torno a las calles cercanas a la zona portuaria y a las principales arterias comerciales y de negocios de la ciudad. Es el ámbito donde la renovación ha sido más activa y, en consecuencia, en él adquieren gran importancia los usos terciarios y las nuevas construcciones residenciales, en su mayoría de promoción privada.
En El Toscal residen según el mismo padrón de habitantes del año 1996, algo más de doce mil habitantes, lo que supone un 6$% de los efectivos del término municipal y el 7,5% de los de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife.
El Toscal ofrece un paisaje urbano claramente diferenciado, como se ha puesto en relieve. Así es frecuente encontrar acusados contrastes morfológicos tales como la presencia de viviendas tradicionales, con un avanzado grado de deterioro, colindantes con modernos inmuebles destinados a la clase media capitalina, o la relativa abundancia de viejos edificios abandonados que salpican el barrio, como son la antigua fábrica de harina.
Un aspecto de ruina, por la destrucción de algunas paredes y techos, y de chabolismo por los cobertizos añadidos a partir de desechos aprovechados. En ellas residen las personas y familias con niveles más extremos de pobreza.
Asimismo en el caso de un buen número de edificios en régimen de arrendamiento cuyos propietarios, debido a las bajas rentas que perciben, no están interesados en invertir en su mantenimiento; se ha planteado que son tales viviendas en alquiler las que experimentan en mayor medida el carácter selectivo de la desinversión.
A la decade3ncia y desvalorización de las edificaciones antiguas o de renta, se opone, por el contrario, el incremento que registran los precios del suelo. Mientras en los años setenta El Toscal presentaba una acusada diferencia entre los precios de la zona interna y los de la franja externa, en la actualidad, aunque la misma se mantiene, el contraste es menor; es su proximidad al centro de negocios capitalino lo que ha multiplicado su valoración. En consecuencia la expectativa de obtener una renta potencial del suelo superior a los alquileres percibidos por las viviendas estimula el abandono o la demolición de los inmuebles de cierta antigüedad, o lo que es lo mismo, el suelo puede adquirir un valor independientemente de lo que está construido sobre él.
La superficie afectada entre 1982 y 96 por operaciones de renovación, que alcanza 39.856 metros cuadrados, representa tan solo un 13% de la superficie edificada del barrio.
Si bien la información consultada no permite evaluar el conjunto de las viviendas demolidas, algunos ejemplos revelan el carácter mayoritario de las actuaciones: edificios unifamiliares de una o tres plantas sustituidos por nuevos inmuebles de cuatro a seis niveles que triplican, como mínimo, las viviendas existentes, aumentado así las densificación social del barrio.
La escasa dimensión de un gran número de parcelas unido a la estructura de la propiedad fragmentada; así como la existencia de un viario muy estrecho que dificulta tanto el tráfico rodado como en tránsito peatonal.
La concentración de la mayor parte de las ciudadelas y viviendas de protección oficial existentes. Ya en el siglo XIX, la proximidad de las ciudadelas tenía efectos negativos sobre las propiedades inmediatas, haciendo que las casas próximas desmerezcan su valor.
Su menor proximidad relativa a las áreas de actividad comercial y financiera.
Este fenómeno de resistencia a la transformación en áreas localizadas de un barrio se ha comprobado asimismo en otros ámbitos, si bien referido a la rehabilitación de edificios.
En síntesis, la renovación ha significado la desaparición de las diferentes tipologías de viviendas populares que constituían una de las imágenes distintivas del Toscal y, por tanto, en su pasado urbano. Así pues, la ausencia de una política orientada a la rehabilitación ha favorecido la sustitución de dicha herencia por nuevos edificios con tipologías, volúmenes y alturas que tienen en común su escasa integración arquitectónica y ambiental en la trama preexistente.
En lo referente a la trama urbana tenemos que el parcelario es uno de los elementos que, junto al viario y los tipos constructivos, caracteriza a los centros históricos. Su alteración es uno de los efectos del proceso de renovación y en El Toscal, al igual que en otros cascos antiguos, dicho proceso favorece la concentración parcelaria, en 21 operaciones de concentración han desaparecido 33 fincas.
El análisis de los nuevos edificios revela que en más del 40% de los casos se produce unión de parcelas, siendo el promedio de fincas agregadas de 2,6. Pero de nuevo hay rasgos diferenciadores entre el núcleo interno donde son mayoritarias las actuaciones en las que no hay agregación, y la franja externa en las que tales uniones predominan. Ello puede estar relacionado con la naturaleza de los promotores, de manera que las construcciones impulsadas por promotores profesionales, dada su mayor capacidad de inversión, presentan dimensiones muy superiores a las levantadas por promotores ocasionales que edifican sobre una herencia familiar.
No sean registrado casos de segregación de parcelas, excepto cuando el nuevo inmueble incorpora parte del patio de los terrenos adyacentes. En una de esta ocasiones, calle de La Rosa, se unieron seis parcelas y además se segregó un trozo sin construir de la finca colindante trasera; en otra, Plaza de San Antonio de Texas, se edifica parte del espacio no construido de una parcela de tamaño considerable para posibilitar dos actuaciones.
Con objeto de ilustrar el cambio morfológico que implica la renovación se han seleccionado cuatro calles con una situación contrastada. Por un lado, dos arterias que han experimentado una transformación intensa en el periodo de 1982-96 (San Francisco y La Marina) donde las construcciones tradicionales aún marcan su impronta en el conjunto, si bien la transformación prevista en el Plan General no tardará en desvanecer sus rasgos actuales.

CONCLUSIONES
EL Toscal, barrio histórico localizado en el entorno del centro comercial de la capital y de negocios de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, experimenta desde los años setenta un proceso simultáneo de transformación morfológica y social, como consecuencia de la creciente difusión de los usos característicos de las zonas centrales.
El análisis realizado sobre el barrio releva que en su proceso de cambio han prevalecido las tendencias renovadoras, frente a las de recuperación y rehabilitación de los edificios de mayor antigüedad y susceptibles de ello, a la par que dicha renovación se acompaña de una reestructuración social definitiva por el incremento de la clase media urbana.
Desde el punto de vista morfológico el parque inmobiliario de El Toscal ha conocido procesos de inversión y desinversión. Los primeros, que se materializan en construcción de nuevos edificios, dejan sentir sus efectos especialmente en los sectores más valorados, es decir, en los entornos del centro urbano y de la zona portuaria. Dicha actividad renovadora ha supuesto un sensible aumento de la superficie construida, una alteración de la tradicional morfología parcelaria y la implantación de nuevos usos terciarios.
Con la aprobación definitiva del Plan General de Ordenación Urbana de la ciudad, en la actualidad en fase de exposición pública, se pretende densificar el barrio, aumentado la volumetría con la consiguiente densificación edificatoria y social, a un barrio envejecido, donde se aparta el valor patrimonial de una tipología edificatoria única en las Islas Canarias, objeto del inmigración tanto desde el interior de la isla a la capital, como desde las otras islas menores que venían a buscar una vida mejor en la capital.
Sin lugar a dudas, una nueva manifestación del poder de la plusvalía del suelo, en un territorio agotado, donde apenas se le presta atención a nuestra arquitectura tradicional, dejando impronta de los vestigios del pasado a los tratados y estudios de nuestra arquitectura o a los foros como éste donde intentamos manifestar en voz alta, una preservación hacia la arquitectura vernácula; aún estando incrustada en la trama urbana de una ciudad cosmopolita, donde puede convivir lo viejo con lo nuevo en perfecta armonía y dando lectura expositiva de lo que fue nuestro pasado más remoto.

Estampas de un contexto vernáculo. Arquitecto Luis Enrique Bello Caballero. Universidad de Oriente. Cuba.

Estampas de un contexto vernáculo
(…) en la ladera de una montaña recorrida por arroyos limpios, al alcance de los bosques, del mar y de un río lleno de peces, se levantan las casas en hileras sin simetría (…)
La región sur oriental de Cuba contiene el macizo montañoso más importante de la isla. Sobre sus agudas elevaciones y valles intramontanos han crecido poblados y ciudades. Entre ellos se destaca la séptima de las villas fundada por los españoles en su afán conquistador.
La influencia de la geografía santiaguera sobre la configuración de la ciudad y sus territorios aledaños ha determinado particularidades en cuanto al paisaje urbano y las formas en que la arquitectura desarrollada en diferentes ámbitos y épocas ha asumido las condicionantes de la topografía irregular. Estos son los argumentos que motivan el presente trabajo. El cual, pretende demostrar la continuidad establecida en el quehacer constructivo santiaguero a partir de tópicos que abordan la relación de la ciudad y otros parajes de alto valor patrimonial con el contexto natural, y la alusión a puntuales obras que se destacan por su emplazamiento.
I. El paisaje en la ciudad
Incompleta resulta ser la información que brinda un mapa turístico al viajero de a pie que visita la ciudad santiaguera: la proyección planimétrica que este nos ofrece sobre lo que acontece en el espacio urbano, impide reconocer cuáles son aquellas rutas que dificultan el disfrute de los recorridos. La fatiga que pueden producir las abruptas pendientes de muchas calles de Santiago desalienta al más vigoroso y animado de los aventureros, situación además, en que actúan como cómplices, el clima tropical y el hostigante sol.
Esta pesimista visión de la urbe contradice el real comportamiento de los que la visitan por primera vez. ¿Cuáles son los encantos que posee la ciudad que estimulan las caminatas por sus barrios? Más allá de sus vetustas tradiciones culturales fraguadas en casi cinco siglos de historia, Santiago de Cuba muestra conspicuas cualidades en su imagen que la singularizan y destacan.
Mucho se ha escrito sobre su paisaje urbano, siempre con mayor énfasis en el que exhibe el Centro Histórico, cuya morfología configura un plano inclinado en dirección este-oeste, con pendientes que fluctúan desde 2 al 10 por ciento y una variación en altura de 0 a 55 metros sobre el nivel del mar, formando planos terraceados de diferentes niveles. En la dirección perpendicular, norte-sur, ese plano adopta sucesivas ondulaciones de terreno, que alcanzan su cima en el centro de la ciudad. (Figura 1)

Fig. 1: A la izquierda, una sección oeste-este del Casco Histórico; a la derecha se muestra cómo se percibe la topografía en la realidad.
Las características morfológicas de la zona histórica han condicionado la frecuente presencia de miradores naturales, en los que no se hace necesario ascender una extensa escalinata o acceder al último nivel de una torre para contemplar el espectacular escenario donde se enclava la ciudad. Al transitar alguna calle es usual que se presenten sorprendentes momentos cuando, al apreciar cerradas perspectivas provocadas por caminos angostos, repentinamente estas se abran descubriendo amplios panoramas visuales; regularmente orientados hacia el oeste, con ángulos entre los 120 y 180 grados.
Las texturas percibidas desde los miradores son heterogéneas y tupidas, se identifican rasgos recurrentes como: cubiertas de tejas de matices rojizos, yuxtaposición de volúmenes a diferentes niveles, dispersión de diversos focos de vegetación y un vínculo visual parcial con la bahía, y total con las montañas de trasfondo. Desde estos sitios se reconocen frecuentemente acentos urbanos, edificios de fácil identificación que contrastan por su tamaño y morfología y posibilitan la orientación del observador. (Figura 2)


Fig. 2: Diferentes vistas de la ciudad. Las dos primeras imágenes de izquierda a derecha muestran el protagonismo que aún adquieren las cubiertas de tejas criollas y francesas, como una fachada más de las edificaciones. Las dos últimas imágenes ilustran una constante presente en la trama del Centro Histórico: las visuales hacia el fondo de la bahía y parte de la cordillera de la Sierra Maestra, siempre visibles en los ejes con dirección este-oeste.
Varias han sido las ocasiones en que se ha identificado a Santiago de Cuba como la ‘’ciudad paisaje’’, pero refiriéndose exclusivamente a las cualidades de su casco histórico. ¿Es acaso este un privilegio que ostenta únicamente aquella zona? Al realizar una andanza por el resto de la urbe se reafirma aún más la denominación referida.
La población santiaguera quedó asentada al fondo de la bahía, en un valle ondulante rodeado de un sistema de cordilleras que conforman un anfiteatro natural; pero la ciudad no se detuvo, se extendió alrededor del actual Centro Histórico, hacia el norte, sur y este. Es en esta última dirección donde se localiza el Reparto Vista Alegre, magnífico ejemplo de crecimiento suburbano que data de 1907, cuando fue aprobada la urbanización de la finca Arroyo Hondo, con excelentes condiciones ambientales y cualidades paisajísticas debido a los desniveles en el terreno, que oscilan entre los 30 y 50 metros sobre el nivel del mar, provocando la existencia de pendientes que al igual que en el núcleo fundacional ondulan en las dos direcciones de su eje.
La forma y disposición del trazado urbanístico sobre el accidentado relieve de este barrio determinó la aparición de miradores naturales en distintos puntos de su trama. Los panoramas que proporcionan estos parajes no son tan amplios como los encontrados en el Centro Histórico, pero algunas peculiaridades son notables. Ahora las visuales se dirigen hacia el marco físico del propio reparto, donde es posible distinguir la variedad de estilos arquitectónicos que se fusionan en él y los perfiles escalonados, aún cuando predominan las edificaciones de solo un nivel.
La variedad de influencias estilísticas queda unificada por la organización de las edificaciones dentro de la manzana y la parcela, y por la presencia de una fachada común: el singular sistema de cubiertas de tejas francesas y losas de soladura que combinan en perfecta armonía con la pluralidad de texturas y tonalidades que propone la exuberante vegetación. (Figura 3)

Fig. 3: Los techos de Vista Alegre con diferentes tonos rojizos enriquecen sobremanera la imagen urbana del reparto.
Otras visuales son posibles desde las inmediaciones del reparto, en los límites con barrios contiguos es posible visualizar diferentes zonas de la ciudad y el telón de fondo que plantea la cordillera de la Gran Piedra con el valle que le antecede. Cercano a Vista Alegre se encuentran los repartos Rajayoga, Terrazas de Vista Alegre, Ampliación de Terrazas, Santa Bárbara y 30 de Noviembre, situados sobre relieves más nobles, pero aún con puntuales accidentes que brindan diferentes perspectivas de Santiago y el sistema orográfico que la rodea. (Figura 4)

Fig. 4: Izquierda: Panorama de la cordillera de La Gran Piedra desde Rajayoga. Centro: parte de la ciudad desde los altos del Reparto ‘’30 de Noviembre’’. Derecha: una vista desde Santa Bárbara. Nótese en todas la invariable presencia de la masa verde.
Alejado de la trama compacta citadina se localiza hacia el sur el barrio de Versalles, desarrollado fundamentalmente en la década de 1950, lo cual lo hace lucir gratos ejemplos de la arquitectura del Movimiento Moderno. Este suburbio se emplaza sobre una meseta que flanquea casi de forma estratégica gran parte de la urbe. El panorama que se obtiene desde diferentes recintos del reparto contribuye a configurar una visión abarcadora de la estructura urbana santiaguera. (Figura 5)


Fig. 5: Con gran orgullo hablan los habitantes de Versalles sobre las privilegiadas visuales que tienen de la ciudad. A la izquierda: parte de la zona industrial en la bahía; a la derecha: panorámica de Santiago.
Los referidos anteriormente no son los únicos sitios que proporcionan desde la perspectiva del caminante que recorre sus calles una visualización parcial de Santiago de Cuba. Otros lugares, dentro o fuera, reúnen las mismas características entregando cuadros impresionantes donde se entrelazan los elementos antrópicos con aquellos naturales que forman parte de los valores que identifican la ciudad, entre estos resaltan: el dinamismo del sistema montañoso que la confinan y la quietud de los planos horizontales de las aguas de la bahía y el Mar Caribe.
Esta escena, aunque cambiante, acompaña todo el tiempo a la imagen urbana santiaguera, otorgándole un conjunto de cualidades paisajísticas que han trascendido desde épocas remotas en las diferentes experiencias de práctica urbana, constituyendo así una continuidad que acrecienta el caudal de valores que encantan a todo aquel que frecuenta la ciudad paisaje.

II. Asimilación de las condicionantes del contexto
La diversidad de soluciones constructivas presentes a nivel urbano y arquitectónico para conseguir una óptima adaptación al terreno forma parte del atractivo distintivo de las ciudades emplazadas sobre una topografía irregular. Santiago de Cuba se incluye dentro de estas, su extensión sobre un relieve accidentado ha generado el surgimiento de alternativas que facilitan la asimilación de las condiciones naturales.
Notablemente famosas son las escalinatas que enriquecen el trazado del casco histórico, se presentan en varios sitios donde la pendiente es insalvable con un plano inclinado que pueda ser recorrido. Estos ‘’remedios‘’ que tanto llaman la atención han devenido iconos representativos del quehacer urbano santiaguero. (Figura 6)

Fig. 6: De izquierda a derecha las escalinatas de: Callejón Santiago, Lauro Fuentes y Padre Pico.

Ingeniosas soluciones de emplazamiento son apreciables en las obras arquitectónicas y los espacios públicos del Centro Histórico. Sin importar cuán violenta parezcan las pendientes de las calles que delimitan una manzana, sobre esta se estructuran de forma compacta el conjunto de edificaciones. Los pretorios y basamentos fueron elementos recurrentes en la arquitectura de la etapa colonial. Salvar la diferencia entre el plano horizontal del piso y la pronunciada inclinación de la calzada es parte de la función que cumplen estos componentes de la edificación. (Figura 7)
En momentos posteriores estas alternativas se retomaron y modificaron según las nuevas influencias estilísticas. Aparecieron entonces las escalinatas, los muros de contención y los espacios situados a desnivel aprovechando la pendiente de la parcela. El esplendor que muestran estilos como el neoclásico o el eclecticismo en sus componentes estéticos y formales se consolida con la inclusión de estas soluciones para la adaptación al terreno. Tanto en el Centro Histórico, Vista Alegre, y otras extensiones de la ciudad, se manifiestan regularidades en el uso de alternativas de emplazamiento. (Figura 7)


Fig. 7: Las tres primeras imágenes de izquierda a derecha muestran los basamentos, pretorios y la combinación de estos en el Centro Histórico. La cuarta imagen corresponde a Vista Alegre, en ella se evidencia el uso de muros de contención y una escalinata de dos ramas para acceder al corredor.
El Movimiento Moderno contiene ejemplos significativos de la asimilación de las características topográficas locales a favor de la expresión formal y funcional de la obra. La colección de viviendas individuales de los años cincuenta dispuestas a lo largo de los ejes ‘’Raúl Pujols’’ y ‘’Anacaona‘’ y en los Repartos Vista Alegre, Rajayoga y Ampliación de Terrazas exponen otras soluciones como las terrazas a desnivel enlazadas por escalinatas o las rampas, que fueron retomadas conjuntamente con las novedosas concepciones en el diseño arquitectónico. (Figura 8)
Las décadas siguientes (1960 y 1970) revelan puntuales modelos donde la creatividad logró fusionar la búsqueda de nuevas expresiones en la arquitectura con el contexto. En este sentido se destaca la labor de arquitectos como Walter Betancourt y Rodrigo Tascón. La llegada de la prefabricación significó un momento considerado como de ruptura con lo acontecido hasta el momento, no obstante, cabe destacar la perspicaz adaptación del sistema ‘’Girón‘’ utilizado para erigir el Hotel ‘’Crucero Aurora‘’ en el agreste relieve de la colindancia entre los repartos Vista Alegre y Rajayoga. (Figura 8)

Fig. 8: La primera imagen de izquierda a derecha se corresponde con una vivienda del Movimiento Moderno en la arteria ‘’Raúl Pujols’’. A continuación, La Escuela de Medicina y el Parque del Ajedrez con sus terrazas a desnivel, de Tascón y Walter Betancourt respectivamente. En el extremo derecho, el Hotel ‘’Crucero Aurora’’ en una vista desde la avenida ‘’Raúl Pujols’’.
Actualmente es posible contar con puntuales prácticas que demuestran la continuidad de lo acontecido con anterioridad. A pesar de que muchos inversionistas se alarmen ante la presencia de numerosas curvas de nivel y prefieran echar mano a buldózeres y excavadoras en complicidad con proyectistas, se evidencian urbanizaciones y asentamientos espontáneos que, con los recursos disponibles en el medio se adaptan a las difíciles condicionantes que ofrecen los terrenos (Figura 9). No todo es positivo, resulta paradójico que propuestas ya materializadas, donde incurre la labor de especialistas se muestre justamente lo que no debe hacerse, reafirmando un claro desapego con los referentes que antecedieron. (Figura 9)


Fig. 9: Las dos primeras imágenes (de izquierda a derecha) muestran las alternativas empíricas dadas para la adaptación al relieve. Sin embargo, las soluciones ejecutadas en la urbanización del Polvorín (las dos últimas imágenes) crean problemas de evacuación de aguas pluviales y menoscaban la imagen urbana.
Un patrimonio vernáculo y universal
La mística y hasta romántica historia que envuelve la presencia de inmigrantes franco-haitianos en el oriente cubano desde inicios del siglo XIX, se hace palpable en las huellas que legaron. Aún persisten al tiempo las ruinas de la arquitectura agroindustrial cafetalera, dándonos una lección magistral de la forma en que las construcciones vinculadas a la producción del café se apropiaron de las condiciones naturales para agilizar el proceso productivo. Esta razón no permite dejar de mencionar este conjunto que hoy ostenta la condición de patrimonio de la humanidad.
Las tierras de la sierra de La Gran Piedra presentaban condiciones físico geográficas semejantes a la región cafetalera haitiana, profusos ríos y arroyos con suficiente caudal de agua para desarrollar el beneficio del grano por la vía húmeda, el clima y el relieve fueron favorables para el cultivo con abundante sombra, niveles de temperatura y humedad relativa propicios para desarrollar y transponer las instalaciones originadas en Haití, que se correspondían con la técnica más avanzada de la época. (Figura 10)

Fig. 10*: A la izquierda, la casona del cafetal ‘’La Fraternidad’’. Centro y derecha dos vistas de ‘’La Isabelica’’. Fotos tomadas de los estudios realizados por la Dra.C. Arq. Lourdes Rizo Aguilera.
Las condiciones topográficas de los terrenos aún con las pendientes muy abruptas, garantizaban el emplazamiento de las áreas para la conformación de la hacienda y de todo el sistema de plantación desarrollado en este período, que se relacionaban entre sí y con la ciudad a través de una extensa red de circulación.
El batey cafetalero era el área por excelencia donde se insertó la arquitectura que garantizaba el desarrollo de las actividades relacionadas con el proceso de producción y las afines con la vida cotidiana. Estos conjuntos se extendieron sobre valles intramontanos con pendientes de terreno de hasta un 5%, y sobre las laderas y cimas de las montañas con pendientes entre un 8% y un 25%.
En los estudios científicos realizados sobre este tema se definen dos tipos de bateyes, los agrupados y los de estructura lineal. Estos últimos predominaron y representan los mejores ejemplos de adaptación al medio al expresarse como volúmenes escalonados con un máximo aprovechamiento de la topografía. (Figura 11)


Fig. 11*: En las imágenes se muestran modelaciones tridimensionales y esquemas que ilustran el emplazamiento de los bateyes. Izquierda: cafetal ‘’Tres Arroyos’’; centro: ‘’Santa Paulina’’, y derecha: ‘’La Idalia’’. Todos del territorio Gran Piedra. Gráficos tomados de los estudios realizados por la Dra.C. Arq. Lourdes Rizo Aguilera.
Los materiales y técnicas de construcción empleados a partir del uso de los recursos locales, tuvieron que dar respuesta a las condicionantes de aquellos parajes. En la mayoría de los casos es posible constatar la presencia de elementos arquitectónicos como muros de contención, contrafuertes, rampas, escaleras y puentes para solucionar las diferentes obras del proceso productivo: el acueducto industrial, el batardó, las albercas, el horno de cal, los jardines, tanques de fermentación y secaderos. (Figura 12)


Fig. 12*: Izquierda y centro: el acueducto y el batardó del cafetal ‘’San Luis de Jaca’’; a la derecha: los jardines del cafetal ‘’San Juan de Escocia’’. Fotos tomadas de los estudios realizados por la Dra.C. Arq. Lourdes Rizo Aguilera.
Las ruinas del sistema de asentamientos cafetaleros constituyen en la actualidad significativos exponentes del potencial antrópico del territorio Gran Piedra, que permiten exhibir el legado cultural que aportó la inmigración francesa a la región. Este patrimonio se suma, con relevancia, a la tradición constructiva santiaguera, a través de un nexo manifiesto en diferentes etapas del crecimiento de la ciudad: la asimilación de las antiguas prácticas que revelan la excelente adaptación a lo que plantea la geografía.

Obras encumbradas
La altura, la extensión horizontal de un volumen o los llamativos recursos de diseño utilizados en una edificación contribuyen a convertirla en un hito dentro de un tejido urbano compacto. Otros factores, como la presencia de espacios abiertos hacia la fachada principal o la ubicación sobre una elevación denotan cierto nivel jerárquico.
En Santiago de Cuba es usual encontrarse con edificaciones donde la topografía actúa como un recurso jerarquizante, algunas de ellas, se destacan además por contener valores históricos, ambientales, culturales y estético-formales que las hacen trascender como piezas paradigmáticas dentro del ámbito urbano.
La primera de todas, a pesar de excluirse de la compacidad citadina es, por derecho propio, el Castillo San Pedro de la Roca. Sobre un morro a la entrada del canal de acceso a la bahía se yergue esta fortificación militar que tuvo su génesis en las primeras décadas del siglo XVII. La obra del ingeniero militar Juan Bautista Antonelli resultó ser un cuadrilátero con baluartes que luego de varios asedios de corsarios y piratas y la incidencia de frecuentes sismos comenzó un largo proceso de reconstrucciones y ampliaciones en las que nombres como Juan de Císcara Ibáñez y Francisco Pérez quedaron asociados a él.
Su arquitectura resulta impresionante por la superposición coherente de códigos medievales y renacentistas que definen su imagen en diferentes terrazas a desnivel. El uso de escalinatas y rampas que sirven de vínculo entre diferentes plataformas posibilitó el complejo proceso de adaptación de las partes de la fortaleza al relieve, obteniendo un singular comportamiento volumétrico. (Figura 13)

Fig. 13: No existe visitante que llegue a la ciudad por avión o por mar y no quede deslumbrado por el impresionante paisaje de la entrada de la bahía, donde se incluye la arquitectura de Cayo Smith (Granma). En estas imágenes es evidente la apropiación que hace la fortaleza del peñón que flanquea el canal.
Casi en el límite este del Centro Histórico se localiza la clínica ‘’Los Ángeles’’, en los terrenos que ocupara primeramente el cementerio de Santa Ana. Esta edificación construida entre los años 1923 y 1924, en pleno auge del eclecticismo en Cuba, delata además, la influencia del neoclásico alemán en algunos de sus elementos figurativos. El inmueble se erige sobre una colina que constituye uno de los sitios topográficos más elevados de la ciudad, el acceso se enfatiza a partir de sendas vías ajardinadas que refuerzan la percepción de la altimetría del emplazamiento. (Figura 14)
No muy alejado de este paraje, se sitúa cercano al nacimiento de la avenida ‘’Trocha’’, la Casa de Beneficiencia, hoy escuela primaria. Culminada en 1849 sobre la demarcación conocida como Barracón de la Montaña. Este enclave posibilita avistar el edificio desde diferentes puntos de la ciudad, a pesar de presentar solamente un nivel. Existe también un parque que le antecede y se extiende sobre la escabrosa pendiente de la manzana. Las visuales desde allí hacia el oeste abarcan todo el Centro Histórico, el fondo de la bahía y parte de la Sierra Maestra. (Figura 14)
Buscando ahora el suroeste aparece el barrio Tivolí, posiblemente la zona dentro del casco histórico con la topografía de mayor irregularidad. En su cota más elevada se edificó en 1976 el Museo de la Lucha Clandestina. La obra, de la autoría de Walter Betancourt tiende a confundir por su fecha de ejecución, al recrear de forma minuciosa los códigos de la arquitectura colonial.
Las proporciones y los valores arquitectónicos que resaltan a este inmueble se sobreponen a los posibles debates entre críticos y especialistas, quedando estos apaciguados por la manera en que dignifica la cresta de la Loma del Intendente. (Figura 14)

Fig. 14: De izquierda a derecha, La Clínica de Los Ángeles, la Casa de Beneficiencia y la Loma del Intendente rematada con el Museo de la Lucha Clandestina.
En otras zonas de la ciudad, la caprichosa geografía ha producido montículos que, con pendientes más dóciles, jerarquizan edificaciones surgidas en varias etapas. El sistema hospitalario ubicado en la avenida de ’’Los Libertadores’’ donde se agrupan el Hospital Oncológico con el Policlínico ’’Julián Grimau’’ y la Dirección Provincial de Salud, y más adelante, los hospitales de Maternidad ’’Tamara Bunke’’ y Provincial ’’Saturnino Lora’’, ubicados estos últimos en manzanas contiguas, conforman todos, macizos volúmenes apaisados en cuyos accesos principales se visualizan escalinatas monumentales que acentúan la elevación y salvan el desnivel existente entre la vía y el edificio. (Figura 15)


Fig. 15: De izquierda a derecha: Hospital Oncológico, Provincial y Materno Norte.

Del cercano 1964 data la Escuela de Medicina, obra donde el arquitecto colombiano Rodrigo Tascón logró visibles aportes a la cultura arquitectónica local. En ella se logra la integración física al contexto, lejos de agredirlo se mezcla con su morfología, unificando y destacando al mismo tiempo sus valores paisajísticos.
Esta obra, por el resultado estético alcanzado, marcó significativamente el inicio y continuidad del proyecto de cualificación para la avenida de ’’Las Américas’’. La obra en sí constituye un ejemplo de hibridación entre los aportes tecnológicos locales y universales, procurando una imagen que contribuye a la consolidación de la identidad en la arquitectura, a través de la adecuación al ámbito santiaguero. (Figura 15)
Otra escuela, aunque con cualidades arquitectónicas que no la hacen merecer de la inclusión en tan distinguido grupo; por su emplazamiento, sobre la meseta de Versalles, al sureste de la ciudad, queda realzada de manera inesperada. No es difícil encontrar un sitio dentro de la urbe desde donde no sea posible avistar el Instituto Superior Pedagógico ’’Frank País’’; extendido volumen horizontal ejecutado bajo la tipificación del sistema prefabricado ’’Girón ’’. (Figura 16)

Fig. 16: Izquierda: La Escuela de Medicina de Rodrigo Tascón. Centro y derecha: dos vistas del Instituto Superior Pedagógico.
A 20 kilómetros hacia el noroeste del núcleo urbano se localiza el pintoresco poblado de Santiago del Prado, actualmente irreconocible por ese nombre. Sin embargo, hablarle de ’’El Cobre’’ a un cubano significa evocar un deseo perenne de visitarlo. En aquel lugar, sobre una elevación que domina el poblado se erige solemnemente La Basílica de El Cobre, construcción religiosa de estilo ecléctico que por sus atributos volumétricos y formales, así como su prominente ubicación resulta el acento urbanístico más importante del poblado.
Grave falta se cometería al excluir esta obra dentro del surtido de edificaciones referidas por la única razón de estar fuera de la ciudad. Su importancia trasciende el carácter religioso para convertirse en un suceso cultural que aglutina diversas tradiciones del arraigo popular santiaguero y cubano.
La Basílica del Cobre se hace acompañar por el paisaje que ofrecen las laderas de las montañas que forman parte de las antiguas minas de explotación cuprífera; donde se enfatiza sobre otra cresta el Monumento al Cimarrón, escultura que rememora la historia de las frecuentes sublevaciones de esclavos en aquellos parajes. (Figura 17)

Fig. 17: De izquierda a derecha: La Basílica del Cobre con la soberbia escalinata que le antecede; el paisaje circundante y el Monumento al Cimarrón (1997), del escultor Alberto Lescay.
La expansión de la mancha urbana en Santiago de Cuba, fue incluyendo numerosos cerros, asaltados por manzanas, vías y edificaciones. Estos eventos característicos son posibles de visualizar reiteradamente en el Centro Histórico, pero no se ciñen únicamente a este, se distribuyen también por todo el territorio santiaguero. Por tanto, las obras citadas no son las únicas que adquieren un rango distintivo por el privilegio de ubicarse sobre una cumbre, pero si representan acentos de mayor alcance por los valores que las acompañan.
Necesaria conclusión
Hablar de regularidades en las diferentes experiencias de práctica urbana santiaguera significaría despertar una discusión científica, pero, resulta incuestionable la continuidad y similitudes establecidas en los diferentes tópicos abordados.
Indudablemente, el paisaje que corteja a la ciudad, las alternativas constructivas para lograr la adaptación sin alterarlo, así como los hitos que representan las edificaciones que ocupan varias de las elevaciones más prominentes a nivel urbano, representan atrayentes peculiaridades que cautivan al andante que recurre a la villa para revivir o experimentar por primera vez, todo aquello que enriquece el caminar por una urbe con enraizadas estampas vernáculas.
REFERENCIAS
* Fotos y gráficos tomados del archivo personal de la Dra.C. Arq. Lourdes Rizo Aguilera, Profesora Titular, Departamento de Arquitectura y Urbanismo, Facultad de Construcciones, Universidad de Oriente.
Fragmento de la descripción de la villa de Santiago dada por el viajero francés M. E. Descourtilz. Tomado de Orozco Melgar, María Elena: Génesis de una ciudad del Caribe: Santiago de Cuba en el umbral de la modernidad. Ediciones Alqueza, Santiago de Cuba, 2008, p. 39
Enciclopedia Cubana en la Red (ECURED): Sierra Maestra. Artículo revisado en http://www.ecured.cu/index.php/Sierra_Maestra el 8 de diciembre de 2010.
Orozco Melgar, María Elena: Génesis de una ciudad del Caribe: Santiago de Cuba en el umbral de la modernidad. Ediciones Alqueza, Santiago de Cuba, 2008, p. 12
Rodríguez Valdés, Roberto: ‘’El paisaje urbano del Centro Histórico de Santiago de Cuba: método gráfico-teórico para su caracterización morfotipológica’’. Tesis presentada en opción al grado científico de Doctor en Ciencias Técnicas’’. Tutoras: Dra.C. Arq. Eliana Cárdenas Sánchez y Dra.C. Arq. Flora Morcate Labrada. Santiago de Cuba, 2008, p.135
Especialistas como el Conservador de la Ciudad Omar López Rodríguez han referido esta definición para la ciudad en diferentes conferencias y estudios.
Colectivo de autores: Oriente de Cuba, guía de arquitectura, Junta de Andalucía, Dirección General de Arquitectura y Vivienda, Andalucía, España, 2002. p. 56
Muñoz Castillo, María T.: ‘’Los Valores Urbanísticos del Reparto Vista Alegre en Santiago de Cuba’’. Tesis de Doctorado. Tutora: Dra. Arq. María V. Zardoya Loureda, Facultad de Arquitectura, ISPJAE. Santiago de Cuba, 2007. p. 47
Rizo Aguilera, Lourdes M: ‘’La arquitectura agroindustrial cafetalera del siglo XIX en Santiago de Cuba’’. Tesis presentada en opción al grado científico de Doctor en Ciencias Técnicas. Tutor: Dr.C. Arq. Roberto López Machado. Santiago de Cuba, 2005, p. 50.
Ibidem, p. 51
Ibidem, p. 57
Entre otros, el de la Dra.C. Arq. Lourdes Rizo Aguilera, Profesora Titular del Departamento de Arquitectura y Urbanismo de la Facultad de Construcciones de la Universidad de Oriente.
Ibidem, p. 59
Ibidem, p. 138
Colectivo de autores: Oriente de Cuba, guía de arquitectura. 2002. p. 154
Ibidem, p. 156
Ibidem, p. 142
Morcate Labrada, Flora: ‘’La arquitectura de los años sesenta en la región oriental del país: continuidad de la tradición constructiva’’. Ponencia en VII Jornadas Técnicas de Arquitectura Vernácula, La Habana, 2010.
Ibidem
Colectivo de autores: Oriente de Cuba, guía de arquitectura. 2002. pg. 183
MATERIAL BIBLIOGRÁFICO CONSULTADO
Colectivo de autores: Oriente de Cuba, guía de arquitectura, Junta de Andalucía, Dirección General de Arquitectura y Vivienda, Andalucía, España, 2002.
Morcate Labrada, Flora: ‘’La arquitectura de los años sesenta en la región oriental del país: continuidad de la tradición constructiva’’, Ponencia VII Jornadas Técnicas de Arquitectura Vernácula, La Habana, 2010.
Muñoz Castillo, María T.: Los Valores Urbanísticos del Reparto Vista Alegre en Santiago de Cuba. Tesis de Doctorado. Tutora: Dra. Arq. María V. Zardoya Loureda, Facultad de Arquitectura, ISPJAE. Santiago de Cuba, 2007.
Orozco Melgar, María Elena: Génesis de una ciudad del Caribe: Santiago de Cuba en el umbral de la modernidad. Ediciones Alqueza, Santiago de Cuba, 2008.
Rizo Aguilera, Lourdes M: ‘’La arquitectura agroindustrial cafetalera del siglo XIX en Santiago de Cuba’’. Tesis presentada en opción al grado científico de Doctor en Ciencias Técnicas. Tutor: Dr.C. Arq. Roberto López Machado. Santiago de Cuba, 2005.
Rodríguez Valdés, Roberto: ‘’El paisaje urbano del Centro Histórico de Santiago de Cuba: método gráfico-teórico para su caracterización morfotipológica’’. Tesis presentada en opción al grado científico de Doctor en Ciencias Técnicas. Tutoras: Dra.C. Arq. Eliana Cárdenas Sánchez y Dra.C. Arq. Flora Morcate Labrada. Santiago de Cuba, 2008.

NOSTALGIA POR NUESTRAS PIEDRAS. Arquitecto Luis Enrique Bello Caballero. Universidad de Oriente. Cuba.

NOSTALGIA POR NUESTRAS PIEDRAS
‘’Si queremos hacer algo para la posteridad
tenemos que hacerlo en piedra…’’
Eusebio Leal Spengler
ANTECEDENTES
Resultaría injusto negar a la piedra el reconocimiento como principal protagonista en la historia universal de la arquitectura. Su uso se remonta a los mismos orígenes de la construcción; evidente en la totalidad de temas desarrollados por las antiguas y exóticas civilizaciones de todos los continentes. Es una experiencia magnífica poder observarlas y estudiarlas hoy, del mismo modo en que fueron colocadas en muros o pavimentos, a vista, mostrándonos aún, su textura y color original, y la forma en que fueron labradas para conformar monumentales estructuras que se adaptan perfectamente a las condicionantes locales y han devenido iconos del sitio donde se emplazan. Por estas, entre otras razones, la mayoría de estos monumentos forman parte del Patrimonio de la Humanidad.
A nuestra cultura pertenece parte de esas obras valiosas que enriquecen la colección universal. El territorio de Santiago de Cuba contiene dos zonas declaradas Patrimonio de la Humanidad: el Sitio Castillo del Morro y su entorno y el Paisaje Arqueológico de las Plantaciones Agroindustriales Cafetaleras del Sudeste de Cuba.
Los anteriores, además del resto del sistema de fortificaciones militares y la casa del Adelantado Diego Velásquez (Figura 1), considerada la primera vivienda construida en la villa fundada en 1515, son los exponentes más importantes y por tanto trascienden como la génesis del empleo de la piedra sin revestimiento en las edificaciones santiagueras.
En el Castillo San Pedro de La Roca (Morro), obra del célebre ingeniero militar italiano Juan Bautista Antonelli, se avizora lo que siglos después fue invariable en el quehacer constructivo de la ciudad santiaguera: la asimilación de códigos foráneos adaptados al contexto local, no solamente en su expresión formal, sino en el empleo de materiales abundantes en la localidad, donde la madera, el barro y la piedra fueron los más utilizados.
Las rocas que sustentan los muros de esta extraordinaria muestra de la arquitectura militar se presume fueron extraídas por manos esclavas del mismo sitio donde se emplazó y se cortaron cuidadosamente para conformar la estructura de gruesos muros de sillería inclinados que se erigen y adecuan magníficamente sobre los desniveles del terreno. (Figura 1)

Fig. 1: A la izquierda la Casa de Diego Velázquez, actual Museo de Ambiente Histórico. Al centro y derecha, vista y detalle del Castillo ‘’San Pedro de la Roca’’. Nótese la esmerada colocación de las rocas labradas, salvando incluso superficies curvas.
Otras manifestaciones pueden encontrarse en la Cordillera de La Gran Piedra, atractiva plataforma natural donde se asientan las haciendas cafetaleras construidas por inmigrantes franceses provenientes de Haití entre los siglos XVIII y XIX, durante los años de la convulsa Revolución. Allí dejaron su huella los franco haitianos, asimilando el producto que le brindaba el suelo montañoso para el levantamiento de sus edificaciones, cuyos muros de mampostería actúan como pedestales sobre los que se disponen los espacios privados de la vivienda. (Figura 2)

Fig. 2: A la izquierda la Hacienda ’’Fraternidad’’. Al centro y derecha, vista y detalle del Museo La Isabelica, antigua hacienda cafetalera en cuyos muros se combinan rocas ígneas y calizas propias de la región, ofreciendo una peculiar mezcla de tonalidades.
No es posible aseverar que durante esta etapa el empleo de la roca en sus formas naturales tenía un fin decorativo, no obstante, se puede afirmar que lo heredado hoy como modelo del buen hacer pudo estar basado en criterios funcionales; demostrando que utilidad y belleza son conceptos compatibles.
Son estos los ejemplos más significativos del uso de la piedra en la etapa colonial de Santiago de Cuba, se pueden encontrar otros en los pavimentos de patios interiores de las viviendas, pero no eran la generalidad, la cerámica fue el material predominante en este caso, en todas las variantes de su uso: pisos, muros, enchapes y techos.
CONTINUIDAD
Durante la época Republicana se retomaría –aunque no en gran medida- la roca como material puro, sin alterar sus cualidades estéticas. Todavía se pueden apreciar enchapes y muros perimetrales ejecutados con piedras sin revestir; estos últimos predominaron.
El Reparto Vista Alegre, crecimiento suburbano de principios del siglo XX, fungió como resguardo del hábitat de la alta burguesía santiaguera. En él son evidentes conspicuas muestras del uso de la roca como ornamento. Un ejemplo de ello lo representa el actual Palacio de Pioneros, antigua mansión del poderoso empresario José Bosch. La edificación es un magnífico paradigma del eclecticismo desarrollado en la ciudad.
Se utilizaron piedras como elementos decorativos en la fachada principal, extraídas de canteras ubicadas en vecindades periféricas hacia el este de la urbe. Esta obra nos dice mucho sobre la adaptación y asimilación de los materiales locales dentro de las influencias estilísticas provenientes de Europa y Estados Unidos. (Figura 3)

Fig. 3: A la izquierda, fachada del actual Palacio de Pioneros. Al centro y derecha, detalles del enchape decorativo; el reforzamiento de las juntas le concede distinción.
Durante las primeras cuatro décadas del siglo XX fue notoria la inclusión de elementos pétreos expuestos en las edificaciones como material para diversas soluciones, al mismo tiempo que aportaba valores decorativos (Figura 4). La explotación de canteras en el territorio pudo propiciar tales prácticas.

Fig. 4: A la izquierda, columnas de hierro fundido revestidas con piedras, Al centro, muro perimetral de una residencia. A la derecha, basamento de una vivienda de madera; las rocas aíslan la madera de la humedad del suelo, conjugándose así ambos materiales funcional y estéticamente. Los tres ejemplos corresponden a las primeras décadas del siglo XX en Vista Alegre.
APOLOGÍA
Con el recalo de la década del cincuenta del siglo XX se propagaría el Movimiento Moderno hacia Santiago de Cuba, pronunciándose fundamentalmente en la vivienda individual de los repartos burgueses: Vista Alegre ya consolidado, parte de Rajayoga, Terrazas, Terrazas de Vista Alegre y Versalles. Los mismos trascienden por figurar como pabellones expositivos de notables muestras de la arquitectura moderna.
Sería en estos años donde el uso de la piedra a cara vista como elemento componente de la edificación alcanzaría la cúspide. No se limitó a revestimientos o muros perimétricos y de contención. Se empleó además en el trazado de accesos, pavimentos exteriores, jardineras, divisiones de espacios interiores y enfatizando planos en las fachadas para resaltar accesos y dotar a la edificación de cualidades distintivas. (Figura 5)

Fig. 5: La diversidad de diseños y tipos de piedra utilizados confirió multiplicidad de valores formales al Movimiento Moderno en Santiago. Es indiscutible la calidad y la pregnancia lograda en estos planos de fachada.
Mario Coyula destaca la significación del Movimiento Moderno cuando señala que ‘’las variadas soluciones arquitectónicas de la vivienda individual expresan la síntesis entre lo universal y lo local. Resultado de la labor creativa de los arquitectos, que supieron capturar con sensibilidad las esencias de su tiempo, de la identidad nacional y del espíritu del lugar. ’’
Es precisamente en la ‘’captura del espíritu local’’ donde alcanza relevancia el uso de materiales autóctonos, las rocas son un ejemplo fundamental. Se pueden encontrar elementos pétreos expuestos en disímiles formas, como rajón o piedra de canto, conformando muros de mampostería ordinaria, careada, con hiladas regulares e irregulares y exquisitos trabajos de enchape. (Figura 6)

Fig. 6: De izquierda a derecha, muros de hiladas irregulares, regulares, de mampostería careada y ordinaria.
De los usos más frecuentes de la piedra a vista en esta etapa se pueden mencionar las jardineras, recurrente recurso de diseño, en ocasiones como extensión del jardín o acentuando la volumetría de las fachadas. Se lograron llamativas soluciones que aportaron originalidad y pluralidad en la expresión formal de las viviendas. (Figura 7)

Fig. 7: Jardineras en los repartos Rajayoga y Terrazas de Vista Alegre, reflejan también las elevadas cualidades formales alcanzadas durante el desarrollo del Movimiento Moderno.
En este período tomó auge la explotación de varios yacimientos en las afueras de la ciudad, entre los más significativos se encuentran La Campana, Sigua y Siboney; que suministraron sus productos a la mayoría de las construcciones en las que se aprecian trabajos que resaltan por la variedad, alta calidad en las terminaciones y la magistral conciliación entre función y estética. Revelándonos una intensa búsqueda formal que logró destacados resultados en las muchas veces polémica simbiosis entre lo nuevo y lo tradicional.
PIEDRAS EN NUESTROS TIEMPOS
Los años sesenta convocaron a nuevos conceptos que marcaron el quehacer constructivo en el país. A partir de este período mermaría notablemente en Santiago de Cuba la riqueza expresiva lograda anteriormente con el uso de elementos pétreos. Se consignó mayormente su uso como ornamento en obras turísticas y en algunos escasos ejemplos donde podían apreciarse conformando muros. Esta situación posiblemente se debió al declive de la explotación de canteras, aunque las nuevas formas de hacer pudieron causar también la restricción del empleo de rocas a vista.
Entre las obras turísticas puede citarse el parque Baconao, que surgió como parte del necesario desarrollo hacia la zona costera este de la ciudad en la década de 1980. En las diferentes instalaciones creadas fue una premisa incorporar en lenguaje actual los códigos de la tradición colonial, el uso de materiales locales, la adecuación climática y la interrelación con el entorno, de ahí la utilización de madera, enchapes de piedra, techos inclinados cubiertos de tejas o paja, reinterpretación de los vitrales, arcos de medio punto, pérgolas y profusa vegetación, que le dieron un carácter muy singular a todas estas edificaciones.
Solamente en el sector privado, es posible encontrar en estos tiempos una fuerte tendencia al uso de rajones o piedras de canto a cara vista en muros, pavimentos y enchapes. Es aquí donde interviene una roca caliza recristalizada, la más popular de todas, la comúnmente llamada laja. Numerosos son los ejemplos que se pueden citar de su uso.
Se conoce que en planos y memorias descriptivas de los años cincuenta se proponía usar como material constructivo de algunos elementos la ‘’piedra de la ciudad’’, refiriéndose a la laja (Figura 8). Mucha razón tenían en llamarla así, y es que este tipo de roca puede ser vista en cualquier lugar de Santiago.
Actualmente su uso se ha extendido notablemente, sin embargo, la mayoría de las muestras son modelos de lo que no se debe hacer. Su empleo excesivo produce un empalago visual; sumándosele la deplorable ejecución en la colocación de piezas de esta u otro tipo de piedra y la falta o ‘’exceso’’ de diseño. (Figura 8)
I* II III** IV**

Fig. 8: I. La ‘’piedra de la ciudad’’; II. Los resultados de una pésima ejecución en una construcción reciente; III y IV. La barbarie.
Aunque predomina lo negativo, son evidentes algunas ejecuciones de aceptada calidad (Figura 9). En este sentido adquiere relevancia la figura del albañil, minuciosa es la búsqueda a realizar hoy para encontrar un par de manos hábiles y experimentadas que puedan colocar correcta y cuidadosamente pieza sobre pieza. Frustrados se verían los esfuerzos de diseño de un arquitecto si no cuenta con una mano de obra que garantice calidad.

Fig. 9: Izquierda y centro, la laja en dos variantes de su uso actual. Derecha, vivienda en ejecución en cuyo muro perimetral se está utilizando el rajón a vista, es notable cierto cuidado en la colocación de las piedras.
En nuestros días, apartando la práctica generalizada en el sector privado, se confina el uso de la piedra a vista únicamente para pavimentos o como elemento de ornamentación en espacios interiores y exteriores de las edificaciones. (Figura 10)

Fig. 10: Izquierda, pavimento en el ‘’Bosque de los Héroes’’. Centro, jardineras en el vestíbulo del Hotel ‘’Meliá Santiago de Cuba’’. Derecha, Banco Financiero Internacional en Ave. ‘’Las Américas’’: se utilizó la china pelona para enmarcar y resaltar el borde de la edificación.
CANTERAS
La provincia de Santiago de Cuba es rica en rocas ornamentales, tanto por su volumen como por la variedad y colorido. Existen dos zonas claramente definidas donde se concentran la mayoría de los yacimientos.
La primera hacia el este de la ciudad (Figura 11), perteneciente a la formación del Cobre. Está constituida por rocas calizas recristalizadas que presentan tonalidades variadas que van desde el blanco al negro, incluyendo grises, rojos y violetas.

Fig. 11: Localización geográfica de algunas canteras hacia el norte y este de la ciudad.

La mayoría de los yacimientos de la zona este fueron explotados antes de 1959 para la extracción de bloques como en Sigua y Mapú y para la producción de rajón ornamental y la elaboración de áridos para elementos de piso como en La Campana, Ocaña y Siboney , esta última se encontraba entre las pocas canteras del país que antes de 1959 contaba con mecanización y equipamiento para la producción de piedra triturada.
La segunda zona se localiza hacia el noroeste de la ciudad, en los actuales municipios de III Frente y Contramaestre, específicamente corresponde a la formación de Charco Redondo, donde son visibles rocas calizas marmóreas poseedoras de colores muy vivos, con combinaciones originales que oscilan en tonalidades de rojo, lila, gris, rosado, crema, verde y ocre. Aquí, al contrario de los yacimientos del este de Santiago, no existen evidencias significativas de explotación antes de 1959.
Los yacimientos que proporcionaron el material a la mayoría de los ejemplos estudiados se ubican al norte y al este de la ciudad:
Las canteras de rocas esfoliables en las formaciones de Boniato y San Luis, donde se extrae la popular laja, roca muy noble por cuanto permite gran diversidad de diseño según se corte, de superficie lisa, se utiliza para enchapes, pavimentos, muros en exteriores e interiores. (Figura 12)
El yacimiento de Sigua, que cubre una gran extensión, desde el ”Jardín de Cactus” en la orilla de la carretera de Baconao hasta varios kilómetros montaña adentro. Se observan diferentes frentes de cantera donde se extrajeron las variedades de piedras. Los tres tipos cromáticos que se pueden encontrar son el verde, rojo, gris y brechas. (Figura 12)

Fig. 12: A la izquierda, el producto de Sigua. Al centro y derecha, vista y detalle de un imponente muro donde se combinan las rocas de Sigua y Boniato . Ambos ejemplos de la década del cincuenta en Vista Alegre.
La explotación de Sigua data de los años cuarenta, cuando se unen emigrantes italianos, grandes conocedores de la técnica de explotación del mármol, con empresarios cubanos, y a ese efecto instalaron aserríos para el corte del mármol y talleres para su elaboración. Más tarde, en la década del cincuenta, trasladaron los equipos para el Cautillo, en Bayamo, donde establecieron un centro que trabajaba fundamentalmente con los mármoles de aquella zona.
Otra cantera es La Campana, ubicada junto a una planta de asfalto que se abastece de este yacimiento. La distancia a la ciudad de Santiago de Cuba es de aproximadamente cinco kilómetros. Sus variedades fundamentales son rocas rojas, negras, grises y brechado entre rojo y gris. Se conoce que se explotaba desde las primeras décadas del siglo XX.
Las mencionadas anteriormente, además de Mapú, Las Guásimas, Los Guaos, Altos de Verraco y Siboney, fueron las principales proveedoras de áridos, rajones, piedras de canto y materia prima para la elaboración de mármoles utilizados en numerosas construcciones santiagueras. (Figura 13)

Fig. 13: Las piedras de varias canteras santiagueras. En algunos casos, como en la imagen del extremo derecho, se combinaron rocas de diferentes yacimientos, lamentablemente a este muro le fueron añadidas recientemente dos hiladas de bloques de hormigón en su parte superior. Las fotos corresponden a Vista Alegre y Rajayoga.
GARANTÍA DE POR VIDA
Cuantiosas son las ventajas que ofrece el uso de elementos pétreos a cara vista; desde las estético-formales cuando se logran ricas texturas y cromatismos, hasta las económicas considerando los metros cuadrados de revestimiento, pintura o enchape que se ahorran en un muro de piedra, cuyo mantenimiento se resume en un chorro de agua para devolverle el brillo natural a las rocas y quizás, la sustitución del mortero en juntas, que con el transcurrir del tiempo se ha deteriorado.
Numerosas obras se encarecen debido a las soluciones de terminaciones, se originan gastos en la demanda de pinturas y losas cerámicas que la mayoría de las veces son importadas o fabricadas con productos adquiridos en mercados internacionales. La durabilidad de una piedra la convierte en uno de los materiales más rentables, solamente con evaluar el estado de conservación de los ejemplos expuestos es suficiente para corroborarlo.
Hoy en día se realizan estudios para fomentar la usanza, no solo del rajón o la piedra de canto, sino de mármoles y pizarras. Tal es el caso de la explotación de la cantera Palmarito de Cauto en el municipio III Frente, cuyo producto de elevada calidad se muestra como pavimento de exteriores en obras de restauración en el casco histórico de Santiago y La Habana Vieja. (Figura 14)

Fig. 14*: A la izquierda, extracción de rocas en Palmarito de Cauto. Al centro y derecha su aplicación: en el acceso al Hotel Villa San Juan en Santiago de Cuba y en la Casa del Conde Lombillo en La Habana Vieja.
CONCLUYENDO
Es notable en la arquitectura de la ciudad santiaguera la asimilación de materiales producidos en el territorio. Dentro de estos, la piedra se muestra en diversas variantes formales y de uso en el transcurso de la historia de las construcciones, desde que se empleó para levantar monumentales estructuras hasta los detallados trabajos de enchapes decorativos o los muros con piedras de canto.
La explotación de yacimientos como Siboney, Sigua, La Campana y otros de cuyas rocas se puede obtener incluso mármol, posibilitaron variedad de texturas y colores ante la predominancia de la laja, piedra que irrumpe en la totalidad de la ciudad. Estas canteras se explotan todavía, aunque ya sus productos no tienen los mismos destinos de tiempos atrás.
Aún nos queda la nostalgia por los excelentes trabajos realizados en décadas pasadas. No se trata de hacer de la piedra una aburrida recurrencia, sino de otorgarle nuevamente el lugar que una vez ocupó en sus diversos usos; con mayor o menor tratamiento, pulida o en llamativos pisos de terrazo.
Múltiples características definen la arquitectura santiaguera desarrollada en diferentes etapas. Es posible incluir el empleo de la piedra a vista en aquella donde se mostró de manera espléndida en la vivienda individual. Actualmente se mantiene la tradición dentro del mismo ámbito, pero muy lejos de la factura de antaño, donde se percibe como admirable patrón de buen provecho de lo nuestro y digna expresión de lo vernáculo en la arquitectura local.

*Fotos del archivo personal del Ing. Juan V. Rams Veranes, especialista Centro Técnico de Desarrollo de los Materiales de Construcción (CTDMC).
**Fotos del archivo personal del Arq. José Luis Peña, especialista Dirección Provincial de Planificación Física, Santiago de Cuba (DPPF-SC).

REFERENCIAS
‘’Si queremos hacer algo para la posteridad tenemos que hacerlo en piedra o en barro cocido y bien cocido’’, palabras de Eusebio Leal Spengler en entrevista concedida al Ing. Juan V. Rams Veranes.

El Ing. Juan V. Rams Veranes, estudioso experto en rocas del oriente del país plantea que la composición geológica de las piedras del Morro se corresponden con las rocas costeras (diente de perro).

En la investigación realizada no se pudo encontrar un documento oficial que haga referencia a la procedencia de las piedras utilizadas. No obstante, el Ing. Juan Rams Veranes, plantea según comparaciones en cuanto a color, textura y características geológicas que proceden de la cantera La Campana, de la cual existen evidencias que demuestran que estuvo en explotación desde los primeros años del siglo XX.

Coyula, Mario: ‘’Arquitectura y ciudad en la cultura cubana contemporánea’’, Arquitectura Cubana, Metamorfosis, pensamiento y crítica, selección de textos, Arte cubano Ediciones, La Habana, Cuba, 2002, p. 92.

Colectivo de autores: Oriente de Cuba, guía de arquitectura, Junta de Andalucía, Dirección General de Arquitectura y Vivienda, Andalucía, España, 2002, p. 181

Ibidem, p.180

RAMS Veranes, Juan V.: ‘’Perfeccionamiento de la explotación de los yacimientos de mármol de la región oriental de Cuba’’, Tesis de Especialista, Tutor: Dr. Ing. José A. Otaño Nogel, Filial del Centro Técnico de Desarrollo de los Materiales de la Construcción, Santiago de Cuba, 1991. p. 44

Ibidem, p. 14

Ibidem, págs. 14-15

DE LAS CUEVAS Toraya, Juan: 500 años de construcciones en Cuba, Editorial Chavín, La Habana, Cuba, 2001, p. 408 (en versión digital)

Juan V. Rams Veranes, p.14

Las ‘’brechas’’ o ‘’brechados’’ es la combinación de dos o más colores en una misma roca.

El Ing. Juan Rams Veranes ratifica esta información debido a la coloración, textura y características geológicas de las piedras, además, la cantera referida estaba en explotación desde la década del cuarenta del siglo XX.

Juan de las Cuevas Toraya, p. 236

Juan V. Rams Veranes, p.16

Una buena parte de las rocas de los yacimientos de Santiago son calizas marmóreas, de las cuales se obtiene un producto muy similar al mármol. Para mayor información sobre el tema consultar a Ing. Juan V. Rams Veranes en la Empresa de Materiales de la Construcción en Santiago de Cuba.

CÁTEDRA “GONZALO DE CÁRDENAS”

Se adjuntan conferencias y comunicaciones de las últimas jornadas de la CÁTEDRA “GONZALO DE CÁRDENAS” de ARQUITECTURA VERNÁCULA, celebrada en La Habana. Año 2011. Cedidos por la propia institución y sus miembros:
Arquitecto: Luis Enrique Bello Caballero. Santiago de Cuba. Cuba
Lcda Historia: Zenaida Iglesias Sánchez. La Habana. Cuba
Doctor: Orlando Gutiérrez Rodríguez. Canarias. España
Diseñador, maquetista: Lázaro Eduardo García Driggs