Estampas de un contexto vernáculo. Arquitecto Luis Enrique Bello Caballero. Universidad de Oriente. Cuba.

Estampas de un contexto vernáculo
(…) en la ladera de una montaña recorrida por arroyos limpios, al alcance de los bosques, del mar y de un río lleno de peces, se levantan las casas en hileras sin simetría (…)
La región sur oriental de Cuba contiene el macizo montañoso más importante de la isla. Sobre sus agudas elevaciones y valles intramontanos han crecido poblados y ciudades. Entre ellos se destaca la séptima de las villas fundada por los españoles en su afán conquistador.
La influencia de la geografía santiaguera sobre la configuración de la ciudad y sus territorios aledaños ha determinado particularidades en cuanto al paisaje urbano y las formas en que la arquitectura desarrollada en diferentes ámbitos y épocas ha asumido las condicionantes de la topografía irregular. Estos son los argumentos que motivan el presente trabajo. El cual, pretende demostrar la continuidad establecida en el quehacer constructivo santiaguero a partir de tópicos que abordan la relación de la ciudad y otros parajes de alto valor patrimonial con el contexto natural, y la alusión a puntuales obras que se destacan por su emplazamiento.
I. El paisaje en la ciudad
Incompleta resulta ser la información que brinda un mapa turístico al viajero de a pie que visita la ciudad santiaguera: la proyección planimétrica que este nos ofrece sobre lo que acontece en el espacio urbano, impide reconocer cuáles son aquellas rutas que dificultan el disfrute de los recorridos. La fatiga que pueden producir las abruptas pendientes de muchas calles de Santiago desalienta al más vigoroso y animado de los aventureros, situación además, en que actúan como cómplices, el clima tropical y el hostigante sol.
Esta pesimista visión de la urbe contradice el real comportamiento de los que la visitan por primera vez. ¿Cuáles son los encantos que posee la ciudad que estimulan las caminatas por sus barrios? Más allá de sus vetustas tradiciones culturales fraguadas en casi cinco siglos de historia, Santiago de Cuba muestra conspicuas cualidades en su imagen que la singularizan y destacan.
Mucho se ha escrito sobre su paisaje urbano, siempre con mayor énfasis en el que exhibe el Centro Histórico, cuya morfología configura un plano inclinado en dirección este-oeste, con pendientes que fluctúan desde 2 al 10 por ciento y una variación en altura de 0 a 55 metros sobre el nivel del mar, formando planos terraceados de diferentes niveles. En la dirección perpendicular, norte-sur, ese plano adopta sucesivas ondulaciones de terreno, que alcanzan su cima en el centro de la ciudad. (Figura 1)

Fig. 1: A la izquierda, una sección oeste-este del Casco Histórico; a la derecha se muestra cómo se percibe la topografía en la realidad.
Las características morfológicas de la zona histórica han condicionado la frecuente presencia de miradores naturales, en los que no se hace necesario ascender una extensa escalinata o acceder al último nivel de una torre para contemplar el espectacular escenario donde se enclava la ciudad. Al transitar alguna calle es usual que se presenten sorprendentes momentos cuando, al apreciar cerradas perspectivas provocadas por caminos angostos, repentinamente estas se abran descubriendo amplios panoramas visuales; regularmente orientados hacia el oeste, con ángulos entre los 120 y 180 grados.
Las texturas percibidas desde los miradores son heterogéneas y tupidas, se identifican rasgos recurrentes como: cubiertas de tejas de matices rojizos, yuxtaposición de volúmenes a diferentes niveles, dispersión de diversos focos de vegetación y un vínculo visual parcial con la bahía, y total con las montañas de trasfondo. Desde estos sitios se reconocen frecuentemente acentos urbanos, edificios de fácil identificación que contrastan por su tamaño y morfología y posibilitan la orientación del observador. (Figura 2)


Fig. 2: Diferentes vistas de la ciudad. Las dos primeras imágenes de izquierda a derecha muestran el protagonismo que aún adquieren las cubiertas de tejas criollas y francesas, como una fachada más de las edificaciones. Las dos últimas imágenes ilustran una constante presente en la trama del Centro Histórico: las visuales hacia el fondo de la bahía y parte de la cordillera de la Sierra Maestra, siempre visibles en los ejes con dirección este-oeste.
Varias han sido las ocasiones en que se ha identificado a Santiago de Cuba como la ‘’ciudad paisaje’’, pero refiriéndose exclusivamente a las cualidades de su casco histórico. ¿Es acaso este un privilegio que ostenta únicamente aquella zona? Al realizar una andanza por el resto de la urbe se reafirma aún más la denominación referida.
La población santiaguera quedó asentada al fondo de la bahía, en un valle ondulante rodeado de un sistema de cordilleras que conforman un anfiteatro natural; pero la ciudad no se detuvo, se extendió alrededor del actual Centro Histórico, hacia el norte, sur y este. Es en esta última dirección donde se localiza el Reparto Vista Alegre, magnífico ejemplo de crecimiento suburbano que data de 1907, cuando fue aprobada la urbanización de la finca Arroyo Hondo, con excelentes condiciones ambientales y cualidades paisajísticas debido a los desniveles en el terreno, que oscilan entre los 30 y 50 metros sobre el nivel del mar, provocando la existencia de pendientes que al igual que en el núcleo fundacional ondulan en las dos direcciones de su eje.
La forma y disposición del trazado urbanístico sobre el accidentado relieve de este barrio determinó la aparición de miradores naturales en distintos puntos de su trama. Los panoramas que proporcionan estos parajes no son tan amplios como los encontrados en el Centro Histórico, pero algunas peculiaridades son notables. Ahora las visuales se dirigen hacia el marco físico del propio reparto, donde es posible distinguir la variedad de estilos arquitectónicos que se fusionan en él y los perfiles escalonados, aún cuando predominan las edificaciones de solo un nivel.
La variedad de influencias estilísticas queda unificada por la organización de las edificaciones dentro de la manzana y la parcela, y por la presencia de una fachada común: el singular sistema de cubiertas de tejas francesas y losas de soladura que combinan en perfecta armonía con la pluralidad de texturas y tonalidades que propone la exuberante vegetación. (Figura 3)

Fig. 3: Los techos de Vista Alegre con diferentes tonos rojizos enriquecen sobremanera la imagen urbana del reparto.
Otras visuales son posibles desde las inmediaciones del reparto, en los límites con barrios contiguos es posible visualizar diferentes zonas de la ciudad y el telón de fondo que plantea la cordillera de la Gran Piedra con el valle que le antecede. Cercano a Vista Alegre se encuentran los repartos Rajayoga, Terrazas de Vista Alegre, Ampliación de Terrazas, Santa Bárbara y 30 de Noviembre, situados sobre relieves más nobles, pero aún con puntuales accidentes que brindan diferentes perspectivas de Santiago y el sistema orográfico que la rodea. (Figura 4)

Fig. 4: Izquierda: Panorama de la cordillera de La Gran Piedra desde Rajayoga. Centro: parte de la ciudad desde los altos del Reparto ‘’30 de Noviembre’’. Derecha: una vista desde Santa Bárbara. Nótese en todas la invariable presencia de la masa verde.
Alejado de la trama compacta citadina se localiza hacia el sur el barrio de Versalles, desarrollado fundamentalmente en la década de 1950, lo cual lo hace lucir gratos ejemplos de la arquitectura del Movimiento Moderno. Este suburbio se emplaza sobre una meseta que flanquea casi de forma estratégica gran parte de la urbe. El panorama que se obtiene desde diferentes recintos del reparto contribuye a configurar una visión abarcadora de la estructura urbana santiaguera. (Figura 5)


Fig. 5: Con gran orgullo hablan los habitantes de Versalles sobre las privilegiadas visuales que tienen de la ciudad. A la izquierda: parte de la zona industrial en la bahía; a la derecha: panorámica de Santiago.
Los referidos anteriormente no son los únicos sitios que proporcionan desde la perspectiva del caminante que recorre sus calles una visualización parcial de Santiago de Cuba. Otros lugares, dentro o fuera, reúnen las mismas características entregando cuadros impresionantes donde se entrelazan los elementos antrópicos con aquellos naturales que forman parte de los valores que identifican la ciudad, entre estos resaltan: el dinamismo del sistema montañoso que la confinan y la quietud de los planos horizontales de las aguas de la bahía y el Mar Caribe.
Esta escena, aunque cambiante, acompaña todo el tiempo a la imagen urbana santiaguera, otorgándole un conjunto de cualidades paisajísticas que han trascendido desde épocas remotas en las diferentes experiencias de práctica urbana, constituyendo así una continuidad que acrecienta el caudal de valores que encantan a todo aquel que frecuenta la ciudad paisaje.

II. Asimilación de las condicionantes del contexto
La diversidad de soluciones constructivas presentes a nivel urbano y arquitectónico para conseguir una óptima adaptación al terreno forma parte del atractivo distintivo de las ciudades emplazadas sobre una topografía irregular. Santiago de Cuba se incluye dentro de estas, su extensión sobre un relieve accidentado ha generado el surgimiento de alternativas que facilitan la asimilación de las condiciones naturales.
Notablemente famosas son las escalinatas que enriquecen el trazado del casco histórico, se presentan en varios sitios donde la pendiente es insalvable con un plano inclinado que pueda ser recorrido. Estos ‘’remedios‘’ que tanto llaman la atención han devenido iconos representativos del quehacer urbano santiaguero. (Figura 6)

Fig. 6: De izquierda a derecha las escalinatas de: Callejón Santiago, Lauro Fuentes y Padre Pico.

Ingeniosas soluciones de emplazamiento son apreciables en las obras arquitectónicas y los espacios públicos del Centro Histórico. Sin importar cuán violenta parezcan las pendientes de las calles que delimitan una manzana, sobre esta se estructuran de forma compacta el conjunto de edificaciones. Los pretorios y basamentos fueron elementos recurrentes en la arquitectura de la etapa colonial. Salvar la diferencia entre el plano horizontal del piso y la pronunciada inclinación de la calzada es parte de la función que cumplen estos componentes de la edificación. (Figura 7)
En momentos posteriores estas alternativas se retomaron y modificaron según las nuevas influencias estilísticas. Aparecieron entonces las escalinatas, los muros de contención y los espacios situados a desnivel aprovechando la pendiente de la parcela. El esplendor que muestran estilos como el neoclásico o el eclecticismo en sus componentes estéticos y formales se consolida con la inclusión de estas soluciones para la adaptación al terreno. Tanto en el Centro Histórico, Vista Alegre, y otras extensiones de la ciudad, se manifiestan regularidades en el uso de alternativas de emplazamiento. (Figura 7)


Fig. 7: Las tres primeras imágenes de izquierda a derecha muestran los basamentos, pretorios y la combinación de estos en el Centro Histórico. La cuarta imagen corresponde a Vista Alegre, en ella se evidencia el uso de muros de contención y una escalinata de dos ramas para acceder al corredor.
El Movimiento Moderno contiene ejemplos significativos de la asimilación de las características topográficas locales a favor de la expresión formal y funcional de la obra. La colección de viviendas individuales de los años cincuenta dispuestas a lo largo de los ejes ‘’Raúl Pujols’’ y ‘’Anacaona‘’ y en los Repartos Vista Alegre, Rajayoga y Ampliación de Terrazas exponen otras soluciones como las terrazas a desnivel enlazadas por escalinatas o las rampas, que fueron retomadas conjuntamente con las novedosas concepciones en el diseño arquitectónico. (Figura 8)
Las décadas siguientes (1960 y 1970) revelan puntuales modelos donde la creatividad logró fusionar la búsqueda de nuevas expresiones en la arquitectura con el contexto. En este sentido se destaca la labor de arquitectos como Walter Betancourt y Rodrigo Tascón. La llegada de la prefabricación significó un momento considerado como de ruptura con lo acontecido hasta el momento, no obstante, cabe destacar la perspicaz adaptación del sistema ‘’Girón‘’ utilizado para erigir el Hotel ‘’Crucero Aurora‘’ en el agreste relieve de la colindancia entre los repartos Vista Alegre y Rajayoga. (Figura 8)

Fig. 8: La primera imagen de izquierda a derecha se corresponde con una vivienda del Movimiento Moderno en la arteria ‘’Raúl Pujols’’. A continuación, La Escuela de Medicina y el Parque del Ajedrez con sus terrazas a desnivel, de Tascón y Walter Betancourt respectivamente. En el extremo derecho, el Hotel ‘’Crucero Aurora’’ en una vista desde la avenida ‘’Raúl Pujols’’.
Actualmente es posible contar con puntuales prácticas que demuestran la continuidad de lo acontecido con anterioridad. A pesar de que muchos inversionistas se alarmen ante la presencia de numerosas curvas de nivel y prefieran echar mano a buldózeres y excavadoras en complicidad con proyectistas, se evidencian urbanizaciones y asentamientos espontáneos que, con los recursos disponibles en el medio se adaptan a las difíciles condicionantes que ofrecen los terrenos (Figura 9). No todo es positivo, resulta paradójico que propuestas ya materializadas, donde incurre la labor de especialistas se muestre justamente lo que no debe hacerse, reafirmando un claro desapego con los referentes que antecedieron. (Figura 9)


Fig. 9: Las dos primeras imágenes (de izquierda a derecha) muestran las alternativas empíricas dadas para la adaptación al relieve. Sin embargo, las soluciones ejecutadas en la urbanización del Polvorín (las dos últimas imágenes) crean problemas de evacuación de aguas pluviales y menoscaban la imagen urbana.
Un patrimonio vernáculo y universal
La mística y hasta romántica historia que envuelve la presencia de inmigrantes franco-haitianos en el oriente cubano desde inicios del siglo XIX, se hace palpable en las huellas que legaron. Aún persisten al tiempo las ruinas de la arquitectura agroindustrial cafetalera, dándonos una lección magistral de la forma en que las construcciones vinculadas a la producción del café se apropiaron de las condiciones naturales para agilizar el proceso productivo. Esta razón no permite dejar de mencionar este conjunto que hoy ostenta la condición de patrimonio de la humanidad.
Las tierras de la sierra de La Gran Piedra presentaban condiciones físico geográficas semejantes a la región cafetalera haitiana, profusos ríos y arroyos con suficiente caudal de agua para desarrollar el beneficio del grano por la vía húmeda, el clima y el relieve fueron favorables para el cultivo con abundante sombra, niveles de temperatura y humedad relativa propicios para desarrollar y transponer las instalaciones originadas en Haití, que se correspondían con la técnica más avanzada de la época. (Figura 10)

Fig. 10*: A la izquierda, la casona del cafetal ‘’La Fraternidad’’. Centro y derecha dos vistas de ‘’La Isabelica’’. Fotos tomadas de los estudios realizados por la Dra.C. Arq. Lourdes Rizo Aguilera.
Las condiciones topográficas de los terrenos aún con las pendientes muy abruptas, garantizaban el emplazamiento de las áreas para la conformación de la hacienda y de todo el sistema de plantación desarrollado en este período, que se relacionaban entre sí y con la ciudad a través de una extensa red de circulación.
El batey cafetalero era el área por excelencia donde se insertó la arquitectura que garantizaba el desarrollo de las actividades relacionadas con el proceso de producción y las afines con la vida cotidiana. Estos conjuntos se extendieron sobre valles intramontanos con pendientes de terreno de hasta un 5%, y sobre las laderas y cimas de las montañas con pendientes entre un 8% y un 25%.
En los estudios científicos realizados sobre este tema se definen dos tipos de bateyes, los agrupados y los de estructura lineal. Estos últimos predominaron y representan los mejores ejemplos de adaptación al medio al expresarse como volúmenes escalonados con un máximo aprovechamiento de la topografía. (Figura 11)


Fig. 11*: En las imágenes se muestran modelaciones tridimensionales y esquemas que ilustran el emplazamiento de los bateyes. Izquierda: cafetal ‘’Tres Arroyos’’; centro: ‘’Santa Paulina’’, y derecha: ‘’La Idalia’’. Todos del territorio Gran Piedra. Gráficos tomados de los estudios realizados por la Dra.C. Arq. Lourdes Rizo Aguilera.
Los materiales y técnicas de construcción empleados a partir del uso de los recursos locales, tuvieron que dar respuesta a las condicionantes de aquellos parajes. En la mayoría de los casos es posible constatar la presencia de elementos arquitectónicos como muros de contención, contrafuertes, rampas, escaleras y puentes para solucionar las diferentes obras del proceso productivo: el acueducto industrial, el batardó, las albercas, el horno de cal, los jardines, tanques de fermentación y secaderos. (Figura 12)


Fig. 12*: Izquierda y centro: el acueducto y el batardó del cafetal ‘’San Luis de Jaca’’; a la derecha: los jardines del cafetal ‘’San Juan de Escocia’’. Fotos tomadas de los estudios realizados por la Dra.C. Arq. Lourdes Rizo Aguilera.
Las ruinas del sistema de asentamientos cafetaleros constituyen en la actualidad significativos exponentes del potencial antrópico del territorio Gran Piedra, que permiten exhibir el legado cultural que aportó la inmigración francesa a la región. Este patrimonio se suma, con relevancia, a la tradición constructiva santiaguera, a través de un nexo manifiesto en diferentes etapas del crecimiento de la ciudad: la asimilación de las antiguas prácticas que revelan la excelente adaptación a lo que plantea la geografía.

Obras encumbradas
La altura, la extensión horizontal de un volumen o los llamativos recursos de diseño utilizados en una edificación contribuyen a convertirla en un hito dentro de un tejido urbano compacto. Otros factores, como la presencia de espacios abiertos hacia la fachada principal o la ubicación sobre una elevación denotan cierto nivel jerárquico.
En Santiago de Cuba es usual encontrarse con edificaciones donde la topografía actúa como un recurso jerarquizante, algunas de ellas, se destacan además por contener valores históricos, ambientales, culturales y estético-formales que las hacen trascender como piezas paradigmáticas dentro del ámbito urbano.
La primera de todas, a pesar de excluirse de la compacidad citadina es, por derecho propio, el Castillo San Pedro de la Roca. Sobre un morro a la entrada del canal de acceso a la bahía se yergue esta fortificación militar que tuvo su génesis en las primeras décadas del siglo XVII. La obra del ingeniero militar Juan Bautista Antonelli resultó ser un cuadrilátero con baluartes que luego de varios asedios de corsarios y piratas y la incidencia de frecuentes sismos comenzó un largo proceso de reconstrucciones y ampliaciones en las que nombres como Juan de Císcara Ibáñez y Francisco Pérez quedaron asociados a él.
Su arquitectura resulta impresionante por la superposición coherente de códigos medievales y renacentistas que definen su imagen en diferentes terrazas a desnivel. El uso de escalinatas y rampas que sirven de vínculo entre diferentes plataformas posibilitó el complejo proceso de adaptación de las partes de la fortaleza al relieve, obteniendo un singular comportamiento volumétrico. (Figura 13)

Fig. 13: No existe visitante que llegue a la ciudad por avión o por mar y no quede deslumbrado por el impresionante paisaje de la entrada de la bahía, donde se incluye la arquitectura de Cayo Smith (Granma). En estas imágenes es evidente la apropiación que hace la fortaleza del peñón que flanquea el canal.
Casi en el límite este del Centro Histórico se localiza la clínica ‘’Los Ángeles’’, en los terrenos que ocupara primeramente el cementerio de Santa Ana. Esta edificación construida entre los años 1923 y 1924, en pleno auge del eclecticismo en Cuba, delata además, la influencia del neoclásico alemán en algunos de sus elementos figurativos. El inmueble se erige sobre una colina que constituye uno de los sitios topográficos más elevados de la ciudad, el acceso se enfatiza a partir de sendas vías ajardinadas que refuerzan la percepción de la altimetría del emplazamiento. (Figura 14)
No muy alejado de este paraje, se sitúa cercano al nacimiento de la avenida ‘’Trocha’’, la Casa de Beneficiencia, hoy escuela primaria. Culminada en 1849 sobre la demarcación conocida como Barracón de la Montaña. Este enclave posibilita avistar el edificio desde diferentes puntos de la ciudad, a pesar de presentar solamente un nivel. Existe también un parque que le antecede y se extiende sobre la escabrosa pendiente de la manzana. Las visuales desde allí hacia el oeste abarcan todo el Centro Histórico, el fondo de la bahía y parte de la Sierra Maestra. (Figura 14)
Buscando ahora el suroeste aparece el barrio Tivolí, posiblemente la zona dentro del casco histórico con la topografía de mayor irregularidad. En su cota más elevada se edificó en 1976 el Museo de la Lucha Clandestina. La obra, de la autoría de Walter Betancourt tiende a confundir por su fecha de ejecución, al recrear de forma minuciosa los códigos de la arquitectura colonial.
Las proporciones y los valores arquitectónicos que resaltan a este inmueble se sobreponen a los posibles debates entre críticos y especialistas, quedando estos apaciguados por la manera en que dignifica la cresta de la Loma del Intendente. (Figura 14)

Fig. 14: De izquierda a derecha, La Clínica de Los Ángeles, la Casa de Beneficiencia y la Loma del Intendente rematada con el Museo de la Lucha Clandestina.
En otras zonas de la ciudad, la caprichosa geografía ha producido montículos que, con pendientes más dóciles, jerarquizan edificaciones surgidas en varias etapas. El sistema hospitalario ubicado en la avenida de ’’Los Libertadores’’ donde se agrupan el Hospital Oncológico con el Policlínico ’’Julián Grimau’’ y la Dirección Provincial de Salud, y más adelante, los hospitales de Maternidad ’’Tamara Bunke’’ y Provincial ’’Saturnino Lora’’, ubicados estos últimos en manzanas contiguas, conforman todos, macizos volúmenes apaisados en cuyos accesos principales se visualizan escalinatas monumentales que acentúan la elevación y salvan el desnivel existente entre la vía y el edificio. (Figura 15)


Fig. 15: De izquierda a derecha: Hospital Oncológico, Provincial y Materno Norte.

Del cercano 1964 data la Escuela de Medicina, obra donde el arquitecto colombiano Rodrigo Tascón logró visibles aportes a la cultura arquitectónica local. En ella se logra la integración física al contexto, lejos de agredirlo se mezcla con su morfología, unificando y destacando al mismo tiempo sus valores paisajísticos.
Esta obra, por el resultado estético alcanzado, marcó significativamente el inicio y continuidad del proyecto de cualificación para la avenida de ’’Las Américas’’. La obra en sí constituye un ejemplo de hibridación entre los aportes tecnológicos locales y universales, procurando una imagen que contribuye a la consolidación de la identidad en la arquitectura, a través de la adecuación al ámbito santiaguero. (Figura 15)
Otra escuela, aunque con cualidades arquitectónicas que no la hacen merecer de la inclusión en tan distinguido grupo; por su emplazamiento, sobre la meseta de Versalles, al sureste de la ciudad, queda realzada de manera inesperada. No es difícil encontrar un sitio dentro de la urbe desde donde no sea posible avistar el Instituto Superior Pedagógico ’’Frank País’’; extendido volumen horizontal ejecutado bajo la tipificación del sistema prefabricado ’’Girón ’’. (Figura 16)

Fig. 16: Izquierda: La Escuela de Medicina de Rodrigo Tascón. Centro y derecha: dos vistas del Instituto Superior Pedagógico.
A 20 kilómetros hacia el noroeste del núcleo urbano se localiza el pintoresco poblado de Santiago del Prado, actualmente irreconocible por ese nombre. Sin embargo, hablarle de ’’El Cobre’’ a un cubano significa evocar un deseo perenne de visitarlo. En aquel lugar, sobre una elevación que domina el poblado se erige solemnemente La Basílica de El Cobre, construcción religiosa de estilo ecléctico que por sus atributos volumétricos y formales, así como su prominente ubicación resulta el acento urbanístico más importante del poblado.
Grave falta se cometería al excluir esta obra dentro del surtido de edificaciones referidas por la única razón de estar fuera de la ciudad. Su importancia trasciende el carácter religioso para convertirse en un suceso cultural que aglutina diversas tradiciones del arraigo popular santiaguero y cubano.
La Basílica del Cobre se hace acompañar por el paisaje que ofrecen las laderas de las montañas que forman parte de las antiguas minas de explotación cuprífera; donde se enfatiza sobre otra cresta el Monumento al Cimarrón, escultura que rememora la historia de las frecuentes sublevaciones de esclavos en aquellos parajes. (Figura 17)

Fig. 17: De izquierda a derecha: La Basílica del Cobre con la soberbia escalinata que le antecede; el paisaje circundante y el Monumento al Cimarrón (1997), del escultor Alberto Lescay.
La expansión de la mancha urbana en Santiago de Cuba, fue incluyendo numerosos cerros, asaltados por manzanas, vías y edificaciones. Estos eventos característicos son posibles de visualizar reiteradamente en el Centro Histórico, pero no se ciñen únicamente a este, se distribuyen también por todo el territorio santiaguero. Por tanto, las obras citadas no son las únicas que adquieren un rango distintivo por el privilegio de ubicarse sobre una cumbre, pero si representan acentos de mayor alcance por los valores que las acompañan.
Necesaria conclusión
Hablar de regularidades en las diferentes experiencias de práctica urbana santiaguera significaría despertar una discusión científica, pero, resulta incuestionable la continuidad y similitudes establecidas en los diferentes tópicos abordados.
Indudablemente, el paisaje que corteja a la ciudad, las alternativas constructivas para lograr la adaptación sin alterarlo, así como los hitos que representan las edificaciones que ocupan varias de las elevaciones más prominentes a nivel urbano, representan atrayentes peculiaridades que cautivan al andante que recurre a la villa para revivir o experimentar por primera vez, todo aquello que enriquece el caminar por una urbe con enraizadas estampas vernáculas.
REFERENCIAS
* Fotos y gráficos tomados del archivo personal de la Dra.C. Arq. Lourdes Rizo Aguilera, Profesora Titular, Departamento de Arquitectura y Urbanismo, Facultad de Construcciones, Universidad de Oriente.
Fragmento de la descripción de la villa de Santiago dada por el viajero francés M. E. Descourtilz. Tomado de Orozco Melgar, María Elena: Génesis de una ciudad del Caribe: Santiago de Cuba en el umbral de la modernidad. Ediciones Alqueza, Santiago de Cuba, 2008, p. 39
Enciclopedia Cubana en la Red (ECURED): Sierra Maestra. Artículo revisado en http://www.ecured.cu/index.php/Sierra_Maestra el 8 de diciembre de 2010.
Orozco Melgar, María Elena: Génesis de una ciudad del Caribe: Santiago de Cuba en el umbral de la modernidad. Ediciones Alqueza, Santiago de Cuba, 2008, p. 12
Rodríguez Valdés, Roberto: ‘’El paisaje urbano del Centro Histórico de Santiago de Cuba: método gráfico-teórico para su caracterización morfotipológica’’. Tesis presentada en opción al grado científico de Doctor en Ciencias Técnicas’’. Tutoras: Dra.C. Arq. Eliana Cárdenas Sánchez y Dra.C. Arq. Flora Morcate Labrada. Santiago de Cuba, 2008, p.135
Especialistas como el Conservador de la Ciudad Omar López Rodríguez han referido esta definición para la ciudad en diferentes conferencias y estudios.
Colectivo de autores: Oriente de Cuba, guía de arquitectura, Junta de Andalucía, Dirección General de Arquitectura y Vivienda, Andalucía, España, 2002. p. 56
Muñoz Castillo, María T.: ‘’Los Valores Urbanísticos del Reparto Vista Alegre en Santiago de Cuba’’. Tesis de Doctorado. Tutora: Dra. Arq. María V. Zardoya Loureda, Facultad de Arquitectura, ISPJAE. Santiago de Cuba, 2007. p. 47
Rizo Aguilera, Lourdes M: ‘’La arquitectura agroindustrial cafetalera del siglo XIX en Santiago de Cuba’’. Tesis presentada en opción al grado científico de Doctor en Ciencias Técnicas. Tutor: Dr.C. Arq. Roberto López Machado. Santiago de Cuba, 2005, p. 50.
Ibidem, p. 51
Ibidem, p. 57
Entre otros, el de la Dra.C. Arq. Lourdes Rizo Aguilera, Profesora Titular del Departamento de Arquitectura y Urbanismo de la Facultad de Construcciones de la Universidad de Oriente.
Ibidem, p. 59
Ibidem, p. 138
Colectivo de autores: Oriente de Cuba, guía de arquitectura. 2002. p. 154
Ibidem, p. 156
Ibidem, p. 142
Morcate Labrada, Flora: ‘’La arquitectura de los años sesenta en la región oriental del país: continuidad de la tradición constructiva’’. Ponencia en VII Jornadas Técnicas de Arquitectura Vernácula, La Habana, 2010.
Ibidem
Colectivo de autores: Oriente de Cuba, guía de arquitectura. 2002. pg. 183
MATERIAL BIBLIOGRÁFICO CONSULTADO
Colectivo de autores: Oriente de Cuba, guía de arquitectura, Junta de Andalucía, Dirección General de Arquitectura y Vivienda, Andalucía, España, 2002.
Morcate Labrada, Flora: ‘’La arquitectura de los años sesenta en la región oriental del país: continuidad de la tradición constructiva’’, Ponencia VII Jornadas Técnicas de Arquitectura Vernácula, La Habana, 2010.
Muñoz Castillo, María T.: Los Valores Urbanísticos del Reparto Vista Alegre en Santiago de Cuba. Tesis de Doctorado. Tutora: Dra. Arq. María V. Zardoya Loureda, Facultad de Arquitectura, ISPJAE. Santiago de Cuba, 2007.
Orozco Melgar, María Elena: Génesis de una ciudad del Caribe: Santiago de Cuba en el umbral de la modernidad. Ediciones Alqueza, Santiago de Cuba, 2008.
Rizo Aguilera, Lourdes M: ‘’La arquitectura agroindustrial cafetalera del siglo XIX en Santiago de Cuba’’. Tesis presentada en opción al grado científico de Doctor en Ciencias Técnicas. Tutor: Dr.C. Arq. Roberto López Machado. Santiago de Cuba, 2005.
Rodríguez Valdés, Roberto: ‘’El paisaje urbano del Centro Histórico de Santiago de Cuba: método gráfico-teórico para su caracterización morfotipológica’’. Tesis presentada en opción al grado científico de Doctor en Ciencias Técnicas. Tutoras: Dra.C. Arq. Eliana Cárdenas Sánchez y Dra.C. Arq. Flora Morcate Labrada. Santiago de Cuba, 2008.

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