PEREGRINAR POR LAS CATEDRALES

Ayer leía SOBRE IMBÉCILES Y MALVADOS, ARTURO PÉREZ-REVERTE. En el XL Semanal, 21 de Agosto de 2011, artículo que me enviaba un compañero pero si bien ya lo había leído. Su lenguaje visceral agotado por la situación en que vivimos en éste, nuestro país, me parecía un poco soez. Sentí meter los dedos en el ordenador y hacer un nuevo artículo con mi parecer. Pero macerando la idea y viendo la situación actual no queda más que asentir con la cabeza y estar en completa consonancia con el compañero Pérez Reverte; al que añado desde mi pequeña aldea (el entorno más inmediato):

Disfrutando de unos días de descanso nada más que para ordenar ideas, porque ganas tengo de marchar y abandonar todo por lo que he luchado, sentado frente al televisor y observando la cantidad de basura que se emite a diario y que entretienen al circo del César, que no discierne más allá de lo que emite su televisor con mensajes manipulados, desde los sonidos hasta los contrastes, llegando por los colores, que luego identifican con determinadas marcas. Puro mercantilismo capitalista maniobrado desde una izquierda anquilosada en un sillón que han carcomido todas las termitas que se han acercado a él.
Abro los periódicos, porque por deformación profesional contrasto varios diariamente, y leo las noticias de los secuaces del poder. Vómitos y arcadas con las que cada día subo a mi despacho para comenzar la jornada, agotando mi lucha diaria desde primeras horas de la mañana.
Hablo con compañeros profesionales, auténticas prostitutas de la profesión, tanto de una como de otra, que olvidaron los principios deontológicos a los que se suscribe cualquier profesión que se precie, y me dan las ganas de ir a baño corriendo puesto que ya tengo descomposición.
Entro en la Universidad por una u otra causa, y no veo más que personajillos, seudo profesores, reptando por los despachos en el único fin de poder cobrar unos eurillos por impartir unas clases, obsoletas, carentes de contenido intelectual para la época en que vivimos, y con un poder magistral frente a la pluma que sustenta en sus manos para imponer dictatorialmente un suspenso; siendo su única arma profesional, frente a un alumnado sumiso, porque profesión ya ni la tienen viviendo los momentos que nos acontecen.
El peregrinar por las catedrales del poder es lo único que les queda a los mediocres con los que nos tropezamos diariamente, que emulan un nivel de vida que nada más lejos de la película del fin de semana, que es a donde intentan llenar en sus vidas cargadas de ira y envidia, intentando imitar al buen vecino que se levanta diariamente y defiende su profesión con los “cojones” que nos caracterizan a quienes no tenemos miedo de alzar la voz y no compartir esta miseria en la que todos hemos sido cómplices de una situación que jamás pensé vivir, y que percibía desde hace tiempo en la Suramérica profunda, donde el silencio está a la derecha del poder.
Recojo y me voy. Recojo y me quedo. Preguntas que me hago diariamente, mientras limpio cada noche la “mierda” de mis gatos donde veo en ella todo lo que percibo a diario en una o en otra catedral del mal.
Sí, eso es lo que queda. Peregrinar por los pasillos pidiendo clemencia por un puesto, tanto en un lado como en otro. Para tener unos eurillos a final de mes con tal de tener la vida de mi vecino, el que trabaja honradamente, entra y sale, y solo se le conoce su bien andar personal y profesional.
Algunos como no lo tienen lo emulan, otros como lo trabajan lo roban, otros en cambio mas le queda la calle con sus asambleas pidiendo cosas absurdas en un mundo globalizado y del que poco podemos cambiar. Recoge tus chinches, tus piojos, y péinate esas greñas que hasta asco me dan.
Sin embargo otros, cada mañana, van a la casa del pueblo, que han hecho suyas, y se apoltronan en unos sillones temporales, cuatro años cuanto más, intentando dirigir su pequeña aldea desde la jaima “gadafiana” que se han construido, dirigiendo al pueblo con la réplica de un bastón de mando (porque cada uno quiere el suyo) y pidiendo kilos de comida para llenar los estómagos agradecidos de los plebeyos que le acompañan diariamente en esa fanfarria de barrio donde unos tocan los tambores y otros soplan esas “trompetas” que tanto les gusta soplar.
Me cago señor Zapatero me afloja el vientre. Dejo mi televisor a oscuras señor García Ferreras. Salgo por la puerta de atrás señor rector, para entrar por la grande. Vuelve a la universidad señor profesor y aprende a conjugar los verbos y a usar el lenguaje, que te ayudará a conformar tus pensamientos y a encontrar tu profesionalidad. Indignado, recoge, limpia la calle que encontraste limpia y te unes a los del JMJ, porque esa no es mi lucha. Y señor alcalde, yo no le voté, le deseo lo mejor: que sea usted ese gusano que repta dentro del estiércol que usted mismo está construyendo.