LA PIEL QUE HABITO, un film de Almodóvar.

Sólo el espectador más sensible con la filmografía del director manchego, es capaz de percibir las miserias más recónditas del ser humano. Éstas pueden estar ocultas, bajo un vestido, bajo una interpretación, bajo un rol asumido o impuesto, pero recubierto por el órgano mayor que posee el ser humano, jamás dejará de ser quien uno es, sin máscara, sin interpretación aparente y finalmente despojado de los roles impuestos socialmente. La piel, nuestra fachada, detrás nuestro yo más profundo que nunca podremos disfrazar.
Almodóvar con su última película se introduce en una nueva etapa de madurez cinematográfica, recurriendo a su actor revelación Antonio Banderas, que interpreta al doctor Robert Ledgar quien pierde a su mujer de forma trágica por no verse reconocida en una piel quemada.
Años después tras una terapia celular el doctor genera una nueva piel, una coraza contra todas las agresiones del ser humano. Y para vengar la muerte de su hija, utiliza una cobaya humana, bajo la complicidad de Marilia (Marisa Paredes), todo inmerso en una mansión rural, “El Cigarral”, donde lo viejo y lo nuevo, lo kitsch y lo pop, se combinan bajo un universo de color constante en la filmografía de Almodóvar.
La piel que habito; narra la historia de esa venganza, según el director.
El Cigarral es una cárcel, donde se encuentra Vera (Elena Anaya), la mujer cautiva. Planos cortos y macros que se mezclan con exteriores siguiendo los traveling que hasta ahora eran inusuales en su producción cinematográfica.
En seis años de reclusión impuesta. Vera ha perdido, entre otros, el miembro más extenso del cuerpo humano, la propia piel. La piel es la frontera que nos separa de los demás, determina la raza a la que pertenecemos, refleja nuestras raíces. En ocasiones refleja el estado del alma, pero la piel no es el alma. Aunque Vera haya cambiado de piel, no ha perdido con ella su identidad; que para recuperarla solo le queda esperar.
La simbología religiosa se deja entre ver bajo planos medios que siempre los porta Marilia. Así como los guiños a la literatura.
“…El ininterrumpido ir y venir del tigre ante los barrotes de su jaula para que no se le escape el único y brevísimo instante de salvación”; El libro de los muertos, es el símil que utiliza Almodóvar para la liberación de Vera.
La película sin un género cinematográfico claro, bajo la claustrofobia y el suspense, se desarrolla con una narración austera y sobria, con una gran fotografía de José Luis Alcaine y una música engranada a los planos por Alberto Iglesias donde la inserción constante del sonido de los tambores no nos llevan más que a una cárcel impuesta, el útero materno, donde el único sonido es el latir femenino.
Un film donde se acometen varios crímenes, si bien, el más atroz es la transgénesis con seres humanos. Un estilo del realizador único e irrepetible dada la trama con la que desarrolla el largo.
Antonio Banderas que hasta ahora es el mejor referente hispano en Hollywood interpreta de forma magistral, su mirada transmite terror psicológico, apenas gesticula, está ajeno a cualquier sentimiento humano. Una interpretación que sólo Almodóvar es capaz de sacar de sus actores.
La mirada perdida hacia la cámara de Marisa Paredes hace honor nuevamente a las divas de Almodóvar, sin lugar a dudas, una interpretación fría, que llega a lo más hondo del espectador.
Las constantes dentro del cine de Almodóvar se mezclan entre los planos, siendo fiel a sus inicios, y su forma de percibir el cine. Las simetrías. Las simetrías inversas. La combinación de azul con el rojo. Las pistolas. Los enseres y sus grandes detalles. Las verduras frescas. Los ansiolíticos. Si bien en esta ocasión los desnudos masculinos, las drogas y la homosexualidad solo dan pinceladas sutiles que conexionan el resto de la trama.
Lo peor. El final en la sastrería. Un final vacío de emociones. Con un mensaje a descodificar por el espectador más intrépido. La mirada perdida de una madre que no reconoce a su hijo Vicente, en la piel de Vera.
En definitiva una película con estilo propio. Almodovariana.

Dr. Orlando Gutiérrez Rodríguez. Periodista.