Ha muerto la voz de las verdades

Suspiró ayer cuando caía la noche en España, y aún no se había puesto el sol en México, “moriré cuando yo quiera”, decía en una de sus últimas entrevistas. Y así lo hizo, cuando ella quiso, dejándonos un legado de voz que se ha colado por todas las fisuras del intelecto humano. Rebelde, sola, atemporal y arropada con su poncho multicolor desde donde salían unas manos masculinas para brindarlas a su público y dejar descubierto su gran corazón que brindaba a las causas perdidas poniendo letra a sus pensamientos más recónditos que sacaba desde sus entrañas.

                Naturaleza, bulevares nocturnos, vida desenfrenada, amante desprovista de ataduras sociales, llenó con su voz cualquier rincón que le supiera entender.

                Ilustres, jóvenes, mayores; a nadie dejaba indiferente. El color de sus amantes viajaba desde su corazón hasta ponerle letra y convertirlo en sonidos que durarán para siempre.

                Bajo su poncho cobijó en ocasiones un revolver que jamás accionó contra quienes la censuraron.

                -¿Qué vas a cantar esta noche?, le preguntaron en la última entrevista que concedió a RNE; “lo que me dé la gana”, contestó. Sólo una mujer de su porte se permitía estas licencias frente a una vida donde ella era su única arriera.

                La pátina de su rostro envejecido no mostraba más que el testigo del patrimonio intangible que quedará en nuestro recuerdo, el sonido ronco de su voz bajo una sonrisa interminable después de una frase llena de ironía que sólo entienden quienes la conocían.

                “…Espérame aún me quedan alegrías para darte…”, cantaba. Poemas que se han quedado sin voz. Y Ahora falta su presencia.

                Manifestaciones de amor sin temor alguno. No temía a sus detractores, no temía a la vida que vivió de manera desenfrenada, pero se preparó para la muerte, cumplió con España y regresó a su México a despedirse como una señora de un país que la acogió desde siempre.

                Las tabernas han echado el cierre y dentro fluyen las botellas de tequila, un sonido de fondo trae de nuevo hasta nosotros a Chavela Vargas, allí habrá un motivo para recordarla, para hablar de lo prohibido, para desnudar los amores inaccesibles donde el género es lo menos importante. Y en definitiva, escuchar su mensaje.

                “…Uno se despide insensiblemente de pequeñas cosas…”, así se despidió de la vida en Cuernavaca México, la Señora Chavela Vargas.

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