Los amantes pasajeros. Un filme lleno de códigos

Cartel de Película. El Deseo S.A.

Cartel de Película. El Deseo S.A.

El viernes ocho de marzo se estrenó la última película del realizador manchego Pedro Almodóvar, el público afín estaba expectante a su último estreno. Controvertida, transgresora, llena de códigos, que solo el espectador inquieto, es capaz de reconocer.
Una vuelta a los ochenta, desenfreno llevado a los extremos, sin temor, sin necesidad de ocultar mensajes oprimidos por una sociedad agotado por los corsés impuestos.
Mientras en un lado del mundo se lloraba la pérdida de Chávez, en el otro, se expoliaba a los cajeros de una sucursal bancaria española. El cine por más que nos cueste reproduce la realidad. El universo almodovariano explotaba sin censura, llevando a la gran pantalla lo más recóndito de la sociedad, a modo de comedia, el espectador disfruta durante 90 minutos del desparpajo de color e historias recónditas del mundo homosexual, parodiando la situación actual social y política española.
Un avión lleno de pasajeros con destino a México, un Air Bus de nombre Chavela Blanca, business class y clase turista. La luz para la primera, la oscuridad y la noche para la segunda. Unos en vigilia donde se desarrolla la trama de la película, otros durmiendo; una sociedad pasiva y dormida frente a los mundos paralelos.
La luz que entra por los óculos del avión en primera clase conjuga perfectamente con un juego de luces y sombras proyectados sobre el rojo y el azul, que solo Almodóvar sabe combinar como así lo hizo también Andy Warhol. Se introducen dos nuevos colores en el universo fílmico de Almodóvar, el azul turquesa y el rosado. El primero responde quizás a la templanza del director cuando pierde su mirada hacia el horizonte en el mar de Lanzarote. El otro quizás en homenaje al mundo que reproduce dentro de la nave; Chavela Blanca en honor a Chavela Vargas, con dirección a México en su búsqueda, flotando entre las nueves blancas, pero no llega, sobrevuela España, por un fallo en el tren de aterrizaje.
Historias paralelas desde dentro del avión al exterior hacen que se combinen los platós con los exteriores a los que el realizador ha ido introduciendo en sus últimas producciones.
En esta ocasión tanto el guión como la música regresan a los ochenta, época donde Almodóvar se encuentra más cómodo, reproduciendo la sociedad mutante, que hoy en dos mil trece, carece de reparos para exponer en la gran pantalla, circunstancias sociales que han convivido con nosotros durante todo este tiempo.
En un momento de crisis como el actual desaparecen las drogas caras a las que se refería en filmes anteriores y se vuelve a los fármacos mezclados con alcohol, para la búsqueda de la evasión tanto de la tripulación como de los pasajeros.
El sueño como mímesis del desenfreno vuelve a estar presente. Unos duermen durante todo el trayecto, mientras otros a través de éste disfrutan y dan rienda suelta a las fantasías sexuales.
En los fotogramas llenos de desparpajo, color y sonido hubo cabida para la crítica enmascarada; corrupción política en España, infraestructuras millonarias sin uso, la iglesia, prácticas sexuales recriminadas, y la corona; todo ello visionado a través de la óptica hedonista.
Combinar historias paralelas en un espacio muy acotado, con un elenco de actores limitado, no responde más que a la imaginación artística de una maestro en las artes fílmicas.
La catarsis en momentos de tensión, donde está presente la muerte entre los pasajeros, hacen que estos se reconcilien con sus vidas y encuentren a través de una situación límite, una solución personal para continuar con sus vidas.
El espectador se queda con la magistral interpretación de Fajas (Carlos Areces), Joserra (Javier Cámara) y Ulloa (Raúl Arévalo), la vidente Bruna (Lola Dueñas), y Norma Boss (Cecilia Roth), así como con la excelente mirada perdida bajo la enfermedad mental de Alba (Paz Vega). Nefasta la interpretación de León (Antonio Banderas) y de Jessica (Penélope Cruz). En un segundo plano quedan el resto de los actores.
Un homenaje a los años ochenta, un recuerdo a Chavela Vargas, un desafío a la muerte, bajo el género de la comedia. Sin duda una película para reflexionar para quien lo desee o simplemente para evadir al espectador de la situación dramática de nuestro país.
La combinación de constantes dentro del cine de Almodóvar han gestado nuevamente una historia, esperemos la respuesta de la taquilla. Sin contemplaciones, definitivamente; atrevida.
Dr. Lcdo. Orlando Gutiérrez Rodríguez. Periodista