SOLEDAD

Querer estar solo no es mas que encontrarse con un día gris. Reconocer la luz en la oscuridad de la noche. Ordenar los pretéritos pensamientos que aún deambulan por mi cabeza desordenada, llena de sombras quebrantadas por el silencio que un día me fueron impuestos.

Desorientarme por las calles de una Habana Vieja y encontrarte en los rincones, con los desconches, en los escenarios que van configurando las plantas, por las aperturadas grietas que ha dejado el tiempo.

Y cuando llega de nuevo la noche, el silencio, la oscuridad de la habitación; llegan de nuevos los recuerdos, y se llevan la soledad, porque si bajo la mirada, cierro los ojos, encuentro en el pasado un momento quizás mejor.

Perderme en el sonido de las notas musicales que atrapan el espacio vacío llena el alma del olor que aún encuentro en cada rincón de esta cama vacía.

Encontrar la nostalgia de la inocencia es como recordar el primer momento en que creía haber alcanzado el cielo. Aún más lejos, allá, donde se van perdiendo los olores, los recuerdos, las sonrisas que me brindaste un día y que desparecieron para siempre.

Atrápame en tus manos. Apriétame de nuevo. No me dejes ir, porque en ocasiones quisiera volar donde se esconden los recuerdos, y abandonar la soledad que un día elegí pero cuando la tuve impuesta la temo como a la peor de las pesadillas.

Sentir que ya no siento. Es volar sin alas. Y de nuevo la soledad de todo aquello que un día me llenó como hasta nunca antes lo había estado. Perder la mirada en un lugar lejano, donde la distancia ha marcado la peor de las barreras físicas; es traerte de nuevo al recuerdo.

Quizás llene la copa de nuevo, la beba como solo tu me enseñaste a hacerlo. Y vuelva a por otra, porque cuanto mas pasa la noche con ella en la mano, más cerca estás de mí, y regresa la felicidad a esta mente desordenada, limitada por la distancia y por la imposición del temor.

Quizás un día pueda apoyar de nuevo mi cabeza sobre tu pecho desnudo, y con tus manos, recojas mis pensamientos. Los abraces, no los dejes escapar y sutilmente cierres mis ojos para llenar de éxtasis esta locura. Y te haré caso. Los cerraré. Iré hasta donde estás tu, te brindaré la mano y reconoceré que también soy ese niño desnudo que necesita ser abrigado.

Sentir la soledad es encontrarme de nuevo con la escritura, la lectura, la música que había dejado en el viejo cajón porque pensaba nunca más volver a escuchar. Recordar aquel verano tumbados escuchando aquellas notas que solo nosotros entendíamos.

No importaba nada que fuera un sueño efímero. Que terminara pero que aún hoy y desde la distancia me hace volar hasta aquella casa de la playa donde conocí la transparencia de la amistad que aún pervive. Y pasó el tiempo. Y fui capaz. Y te lo conté. Y no me odias, hasta fuiste capaz de besar mis labios y yo morder los tuyos. Casi bebemos de nuevo del pecado.

Pero quien llamó pecado, o lo impuso. Si dos almas se juntan. Quién nos unió en este acotado espacio que hemos sido capaces de acotarlo.

En ocasiones intento buscar ese olor a jazmín que me describías por esas rectas calles que suben hasta arriba, donde hoy busco otras cosas, cada vez más difíciles. Pero el jazmín no se pierde, aún pervive, en nuestra memoria.

MARZO 2015

VIAJE