… DICIEMBRE, UN CAMINO DE VERDAD

Llegó diciembre como cada año, como una entrega sin límite.

Las calles humedecieron y en los charcos de la última lluvia se reflejaban las luces de la navidad. laguna

El trasiego de la gente de acá para allá incitaba a perderse por la vieja ciudad, desde los postigos entreabiertos los mayores observaban la tenue posma que aún caía en la mañana.

Esperando que la mañana diera paso a la tarde para mimetizarme en la noche, donde se encuentran los sueños, las miradas cómplices, las voces de la amistad envueltas en una buena compañía.

Quisiera tener un verso y lanzarlo al aire, pero diciembre trajo los recuerdos.

En las miradas de los niños encuentro la pasión por la infancia inocente. nino

Comenzamos con una explosión de ilusión, luces, champán, imágenes sinceras donde arropaba la amistad. Era agua fresca que invitaba al vuelo.

Pero habían dormido los recuerdos del pasado, eclipsados por la verdad de las cosas.

Emigraron al olvido, los disipaban las caricias sinceras, las miradas clavadas esperando una respuesta.

Quién me besó anoche, quién acarició mi espalda, quién me habrá amado.

Un universo de color esperaba detrás de la puerta, esperando que lo abrazara.

Un volcán de calor bajo el frío del invierno.

Era la antesala del futuro y la libertad.

Los recuerdos dejaron de serlos cuando veía el dolor que habían producido, cuando la verdad había desenmascarado al mal interesado.

Quien había sido matador de sueños ahora dormía en soledad.

Abrazo la libertad por un día haber sido esclavo.

Y el dolor del alma dejó de serlo, amo la palabra “Libertad”. paloma

Recuerdo aún cuanto frágil era el corazón, para con el tiempo cicatrizar las heridas del pasado.

Éstas ahora fuertes y preparadas para disipar cual fantasía proyectes en ese atrezo producto de la más falsa de las imaginaciones.

Y de nuevo el invierno, con la lumbre del hogar encendida preparada para esconder para siempre las mentiras que ahora debes.

El invierno me ama, me espera. Diciembre me arropa me acompaña. La noche me envuelve en las pasiones olvidadas.

Y me pierdo entre sus luces, las que engalanan la ciudad. Me hago a la vez pequeño y grande, me mimetizo en sus calles, con sus gentes recorriendo los pasos del pasado; buscando el frío.

Bajo la mirada y sigo mis pasos, los líquenes, los reflejos, los adoquines que no dejan de ser una piedra en el camino.

Pronto llama mi atención el sonido. Ese que se cuela por los callejones. Son risas arropadas que salen de los locales. Me invitan a mezclarme entre sus gentes.

Y así entró diciembre. Fuerte. Con la pasión de la verdad, habiendo enterrado la mentira.

 DR. ORLANDO GUTIÉRREZ RODRÍGUEZ – PERIODISTA

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